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Arma de guerra, agente del caos: el petróleo gobierna el mundo una vez más

Written by on March 15, 2026

El petróleo, puro oro de color negro, manda sobre la paz y sobre las armas, sobre la vida y sobre la muerte, desde al menos la Primera Guerra Mundial. Los países aliados “flotaron hacia la victoria sobre una ola de crudo”, en palabras de Lord George Curzon, notable miembro del Gobierno británico de aquel tiempo. De no ser por las grandes flotas de camiones de motor, la histórica contienda se hubiera perdido. En diciembre de 1916 la situación del mercado era crítica, pero, para cuando se firmó el armisticio, las reservas habían llegado a un punto de total seguridad.

Un joven Winston Churchill había tenido que tomar una decisión trascendental años antes: convertir la Armada Real Británica a esa nueva fuente de energía o mantenerla apoyada en el carbón, materia prima que sobraba en el país. El crudo permitía barcos más rápidos y eficientes para enfrentarse a Alemania en el mar, pero cambiaba una materia prima segura por otra procedente de la lejana Persia, hoy llamada Irán. Optó por el riesgo, venció, pero años después recordaría el dilema como el soliloquio de Hamlet: “Comprometerse a la Armada con el petróleo de forma irrevocable era, de hecho, ‘rebelarse contra un mar de problemas’”, escribió.

Un siglo después, ese líquido viscoso pone en jaque, una vez más, a los países más poderosos del mundo, como arma de guerra y como agente del caos, de nuevo en el centro del tablero geopolítico. En un momento en el que parecía que la supremacía mundial se libraría en el mercado de los microchips —algo igualmente cierto—, esta guerra de Irán del siglo XXI nos recuerda que el petróleo, como decía esa vieja ranchera, sigue siendo el rey.

Donald Trump señaló sin complejos sus objetivos sobre la industria del crudo en la intervención de Venezuela y la captura de Nicolás Maduro el pasado enero. Es también la crisis de los carburantes lo que está doblegando al régimen castrista de Cuba tras décadas de sanciones y embargo, que golpearon a la población, pero no tumbaron al Gobierno. Y Teherán ha cerrado el Estrecho de Ormuz, por el que circula el 20% del crudo, como mecanismo de presión a Washington, amenazando con instalar el precio del barril en 200 dólares (traducido al castellano, esto significa una crisis económica internacional devastadora).

Peso del petróleo en el consumo total de energía (Líneas)

Pese al proceso de transición energética y electrificación de las últimas décadas, el mundo está muy lejos de emanciparse del petróleo. Hoy significa en torno al 30% de la demanda global de energía, frente al casi 50% que aportaba en los setenta, la época del gran embargo árabe por la guerra de Yom Kipur o la revolución iraní (ver gráfico). Sin embargo, su consumo total se ha duplicado respecto a entonces a lomos del crecimiento económico y demográfico, lo que mantiene la fragilidad respecto a los shocks y convierte esa autonomía verde, hoy por hoy, en un espejismo.

“Consumimos unos 105 millones de barriles de petróleo diarios, dos veces lo que consumíamos en 1973, aunque la necesidad de crudo haya bajado en peso relativo por el uso de otras energías más eficientes, tanto los países emergentes como los más industrializados han seguido aumentando su consumo”, explica el profesor Richard Priest, historiador especializado en energía y petróleo de la Universidad de Iowa.

La Agencia de la Energía (AIE) advirtió el jueves de que la guerra de Irán está provocando ya “la mayor disrupción de la historia en el mercado mundial del petróleo”. Las caídas del suministro se han extendido por todo Oriente Próximo (Irak, Qatar, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudí) y han disparado los precios: el crudo brent, la referencia en Europa, ha subido un 40% desde que empezó el conflicto, hasta los 103 dólares por barril. Las turbulencias están afectando, además y muy especialmente, al gas, con cifras de vértigo. En el mercado mayorista, el precio del megavatio por hora (MWh) ha escalado más de un 100% en las últimas semanas, hasta los 60 euros.

Los efectos han corrido como la pólvora a la economía real: las gasolineras cobran más, la producción de alimentos se encarece por el mayor coste de los fertilizantes y los Gobiernos vuelven a diseñar planes de contingencia, como hicieron al estallar la invasión de Ucrania, ante una nueva crisis de duración incierta.

En Estados Unidos, un país que vive subido al automóvil, llenar el tanque costaba esta semana un 29% más que la…

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Fuente editorial adaptada por BeOne Radio Canada.

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