Pogacar se redime ensangrentado y gana, al fin, la ansiada Milán-San Remo | Ciclismo | Deportes
Written by rasco on March 21, 2026
Siete veces lo logró Eddy Merckx, cuatro Gino Bartali y otras tres Fausto Coppi, vueltómanos todos ellos en las arenas movedizas de la primavera, pero Tadej Pogacar, el ciclista más grande de la actualidad, quién sabe si ya, a sus 27 años, el más grande de todos los tiempos, no había encontrado hasta este sábado la fórmula para descifrar la impenetrable Milán-San Remo, el monumento más largo de la temporada: 298 kilómetros de puro nervio y colocación que se resumen en la media hora final, la más frenética de la temporada, de la Cipressa a San Remo pasando por el Poggio, pulsaciones por las nubes bajo el sol y la brisa húmeda del Mediterráneo.
Tras sufrir una caída en la antesala del frenesí, a 32 kilómetros de meta, enganchón inoportuno cuando el pelotón volaba agrupado por las calles de Imperia, el esloveno logró redimirse y, con abrasiones en el muslo, rodilla ensangrentada, conectó con la cabeza en plena ascensión a la Cipressa, donde también llegó cortado Mathieu van der Poel.
El nieto de Raymond Poulidor, porte de vigente campeón, siempre sin guantes, mechones al viento en la nuca, llegaba como favorito y, más importante aún, como el ogro de las clásicas que más se le resisten a Pogacar, rubio platino y cuerpecillo ligero, 66 kilos, apenas 64 durante el caluroso Tour, que pierde fuelle en la Classicissima y rebota sin control sobre el salvaje adoquín de la París-Roubaix. Así lo dicta la ciencia. El maillot arcoíris brilla en la generosa abundancia de desnivel, allí donde los vatios por kilo (w/Kg) que solo él es capaz de mover lo elevan sobre el resto de los mortales del pelotón. En el llano, sin embargo, se imponen los vatios absolutos, esto es, la fuerza bruta, materia que transforma como nadie Van der Poel.
