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María Corina Machado y la ruta de la no violencia

Written by on March 7, 2026

Desde su llegada a Oslo en la madrugada del 11 de diciembre, tras la ceremonia del Nobel de la Paz, María Corina Machado dejó claro que su intención era regresar a Venezuela. Ese regreso, finalmente anunciado hace unos días, ha sido una de las decisiones más difíciles de su carrera política. A pesar de los problemas de salud que la aquejaban, la extenuante atención mediática, las obligaciones políticas y el peso emocional de reencontrarse con su familia después de 16 meses en la clandestinidad, estaba convencida de que volver a Caracas era natural e inminente.

Pero el tres de enero, cuando Trump anunció la captura de Nicolás Maduro, echó un balde de agua fría sobre esa certeza. Al rechazar el cambio de régimen que parecía obvio tras la remoción del dictador, en lugar de allanar el camino de Machado como líder de la transición, lo hizo más estrecho y empinado. La visita a la Casa Blanca de mediados de enero, en la que dejó su medalla del Nobel como prenda de empeño, no cambió las cosas. Al contrario, evidenció que Trump estaba cómodo trabajando con la presidenta interina Delcy Rodríguez y que no respaldaría el regreso de Machado hasta nuevo aviso. Primero serían los negocios; la democracia, si acaso, vendría después.

La cúpula chavista post-Maduro, presidida por Rodríguez de la mano de su hermano Jorge al frente de la Asamblea Nacional, ha estado tomando decisiones estratégicas en los sectores energético, militar y minero con el aval de Washington. El desfile de altos funcionarios de la Administración Trump por Miraflores en las últimas semanas ha consolidado ante los ojos del mundo un nuevo statu quo que Machado, después de años de lucha, no podía ignorar.

Y es precisamente por ese statu quo que Machado ha decidido regresar. Pero para que ese regreso tenga sentido político real, ella tendrá que hacer algo que va contra su instinto más profundo: estacionar su aspiración presidencial y concentrarse en lo verdaderamente indispensable. En las actuales circunstancias, la transición democrática es la prioridad. La presidencia pasa a ser un asunto de segundo orden.

Transición por encima de presidencia

Regresar será arduo porque implica nadar contra dos corrientes. La primera, en Venezuela, donde mandan los Rodríguez. La segunda, en Washington, donde se cocinan las decisiones que definen el curso del protectorado estadounidense sobre el país. Machado tendrá que desafiar ambas, evitando convulsiones que disparen nuevas oleadas represivas y generen una inestabilidad intolerable para Trump, a quien un fracaso en Venezuela representaría un duro revés geopolítico en un año electoral clave y en un momento en que tiene abierto el frente de Irán. Pero esa estabilidad también les conviene a los Rodríguez.

La situación tiene además una dimensión política, psicológica y personal que no es menor. Delcy Rodríguez ha dejado claro que si Machado vuelve al país enfrentará las consecuencias de haber trabajado por el ataque de Estados Unidos contra Maduro. Es decir, la cárcel. De modo que al regresar de su breve exilio, Machado corre el riesgo de convertirse en una figura sacrificial, algo que probablemente ella no quiere ni está buscando.

El objetivo del regreso es crear condiciones que energicen la política. Y el mejor método para lograrlo es la lucha civil no violenta. Machado, a quien sus críticos acusan de estar obsesionada con llegar a la presidencia, tiene que demostrar que esa lectura es equivocada: la prioridad es renovar el Consejo Nacional Electoral para que pueda haber elecciones libres, justas y supervisadas internacionalmente. Eso requiere un enorme trabajo de interlocución con actores civiles y políticos dentro y fuera del país, forjar nuevas alianzas entre opositores de distintas posiciones y chavistas desafectos dispuestos a apostar por la democracia, y reconocer la diversidad política nacional como punto de partida para una reconciliación basada en la justicia sin venganza.

Para que todo esto ocurra, es indispensable una movilización ciudadana de escala nacional. Esa movilización cumple dos funciones simultáneas: presionar a la cúpula chavista para que abandone su pretensión de reciclarse sin ceder el poder, y convencer a Trump de que una transición ordenada es la…

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Fuente editorial adaptada por BeOne Radio Canada.

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