Dentro de la Pasión de Cristo en Iztapalapa: una tradición de 183 años que ya es patrimonio de la Humanidad
Written by Maria Henao on April 1, 2026
Dentro de la Pasión de Cristo en Iztapalapa: una tradición de 183 años que ya es patrimonio de la Humanidad
Publicado el 2026-04-01 18:47:00 • BeOne Radio Canada
Iztapalapa se prepara para el histórico Viacrucis de Semana Santa
En Iztapalapa, la espera es inminente para el penúltimo ensayo general de La Pasión de Cristo, una de las tradiciones más emblemáticas de la Ciudad de México. Este año, el evento cultural se celebrará bajo la insignia de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la UNESCO, marcando un hito en su historia doscentenaria.
El ambiente en la Macroplaza del Barrio San Lucas es electrificante. Más de 300 personas se congregan, en medio de oraciones y cánticos, listos para unirse a la experiencia de una representación que ha perdurado a lo largo de generaciones. Los asistentes rinden homenaje al Cristo de 2026, quien llevará la cruz durante el Viacrucis el próximo 3 de abril, en una procesión que se espera atraer a miles de fieles.
Históricamente, esta tradición nació en 1687 como expresión de agradecimiento a un milagro. Una figura de Jesús no pudo ser transportada después de que, durante la noche, aumentara de peso en una cueva en las faldas del Cerro de la Estrella. A partir de ese momento, la devoción hacia “El Cristo de la cuevita” ha crecido, convirtiendo a la Semana Santa en un acontecimiento central para la comunidad.
El Viernes Santo es el clímax de las festividades, donde miles de personas recorren los ocho barrios de Iztapalapa en una procesión que puede durar hasta seis horas. Durante este tiempo, los asistentes expresan sus sentimientos más profundos: llantos, gritos y empujones se mezclan en una atmósfera cargada de fervor religioso.
El lugar de ensayo, conocido como la Casa de los Ensayos, se ha convertido en un símbolo de esta pasión colectiva. Aquí, actores y visitantes se unen para ensayar escenas, como la tentación de Cristo en el desierto, entre susurros y lágrimas. Joaquín Rueda, vicepresidente del Comité Organizador, señala que la intensidad emocional de las representaciones es palpable, y la presión por mantener la calidad de la tradición se siente más fuerte que nunca debido a su reciente reconocimiento por la UNESCO.
Además de las representaciones, el legado de Iztapalapa incluye historias de fe, como la respuesta a una epidemia de cólera que azotó a la población local. Los fieles acudieron a la figura de Jesús, y la enfermedad cesó, lo que cimentó aún más la importancia del Viacrucis en la vida de la comunidad.
Las hermanas Cano Reyes, quienes han heredado la Casa de los Ensayos, destacan su orgullo por el rol que desempeñan en la preservación de esta tradición. A medida que se acerca el evento, la comunidad se une más que nunca, dispuesta a ofrecer su apoyo y devoción a la emblemática celebración.
Iztapalapa se prepara no solo para cumplir con un legado, sino para reafirmar su identidad cultural a través de una experiencia que trasciende generaciones. La Pasión de Cristo no es solo un evento, es un llamado a la unidad y a la fe que perdura en el corazón de su gente.
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