Un sostén decisivo para la paz, los derechos humanos y el progreso – Más Regiones – Internacional

Written by on September 27, 2020




El covid-19 ha puesto de manifiesto las graves vulnerabilidades de un mundo profundamente interconectado. Ningún país, sin importar su tamaño, riqueza o grado de avance tecnológico, puede enfrentar esta crisis solo.

Por la pandemia, la Asamblea General de las Naciones Unidas se está celebrando este mes en circunstancias excepcionales, y los jefes de Estado participan en forma ‘virtual’. La naturaleza inédita de la reunión de este año debe ser un recordatorio de que el único modo de superar la amenaza del covid-19 es mediante la cooperación internacional, la transparencia y el respeto de normas y regulaciones compartidas.

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Es una terrible ironía que la pandemia haya llegado en el año del 75.º aniversario de la ONU. El principal foro internacional del mundo nació de los escombros de la Segunda Guerra Mundial (una catástrofe de factura totalmente humana) y encarna la determinación de los líderes de la posguerra de librar a las generaciones futuras de la clase de sufrimientos de la que habían sido testigos.

En Medio Oriente y otras regiones en conflicto, la ONU y sus principios de cooperación multilateral siguen siendo indispensables para la búsqueda de soluciones sostenibles a largo plazo que garanticen la paz, la estabilidad y la prosperidad. Los principios del Derecho Internacional son los cimientos del orden global y proveen un marco crucial para la defensa de los derechos y el ejercicio del poder ante los desafíos que enfrenta el mundo.

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En 1945, muchos esperaban que el mundo hubiera aprendido por fin las enseñanzas de dos guerras mundiales desastrosas. Según expresa la Carta de la ONU, el organismo se creó para “preservar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra” y buscar caminos pacíficos e inclusivos hacia la prosperidad y la democracia en todo el mundo. La red de acuerdos e instituciones internacionales centrados en la ONU que ha sido creada desde entonces dista de ser perfecta. Pero por más de siete décadas ha sido un sostén decisivo de la búsqueda mundial de paz, seguridad, derechos humanos y avances económicos y sociales.

La mayoría de las veces, el incumplimiento de los objetivos declarados de la ONU ha sido resultado de que Estados miembros no estuvieran a la altura de sus responsabilidades

Para destacar este legado, The Elders (un grupo de líderes mundiales independientes fundado por Nelson Mandela, en el que tengo el honor de actuar como vicepresidente) publicó hace poco un informe sobre la defensa del multilateralismo, en el que formulamos cinco llamados a la acción destinados a los líderes actuales: 1) Renovar el compromiso con los valores expresados en la Carta de la ONU; 2) Empoderar a la ONU para que cumpla su mandato de acción colectiva en pos de la paz y la seguridad; 3. Fortalecer los sistemas sanitarios para enfrentar el covid-19 y preparar al mundo para futuras pandemias; 4) Demostrar más ambición en lo referido al cambio climático para el cumplimiento de las metas del Acuerdo de París; 5) Movilizar el apoyo a la totalidad de los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

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Todos los países deben reconocer que el único modo de alcanzar estos objetivos es a través del multilateralismo efectivo, que en definitiva redunda en beneficio de todos. La mayoría de las veces, el incumplimiento de los objetivos declarados de la ONU ha sido resultado de que Estados miembros no estuvieran a la altura de sus responsabilidades; en particular, pero no exclusivamente, los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad (Estados Unidos, el Reino Unido, Francia, Rusia y China). Cuando se pone el estrecho interés nacional por encima de las prioridades compartidas, todos salimos perdiendo.

Por cierto, en julio de este año aplaudí la decisión unánime del Consejo de Seguridad de la ONU de aprobar la resolución 2532, que demanda un cese de hostilidades global para evitar más catástrofes humanitarias en el contexto de la pandemia. Pero ha sido, para mí, una decepción que se hayan desperdiciado tantos meses valiosos en discusiones por los detalles del texto.

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Cuando se pone el estrecho interés nacional por encima de las prioridades compartidas, todos salimos perdiendo

Entrar en debates semánticos en medio de conflictos sangrientos y una pandemia inédita envía un mensaje terrible a la opinión pública internacional. Más allá de los efectos sanitarios directos, la crisis tendrá consecuencias económicas graves y duraderas, cuyas repercusiones se sentirán por bastante tiempo en muchas partes del mundo que están en una situación de fragilidad y conflicto. No es momento para la intransigencia diplomática.

El Programa Mundial de Alimentos advirtió que nos exponemos a la peor crisis humanitaria desde la Segunda Guerra Mundial, con probabilidad de que hasta 600.000 niños mueran de hambre y malnutrición en países muy afectados como Yemen, Somalia, Nigeria y Sudán del Sur.

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La crisis actual es un grave recordatorio de los lazos y las vulnerabilidades que nos unen. No responder a la pandemia y a otras amenazas compartidas con un sentido renovado de solidaridad y acción colectiva será deshonrar la memoria de las víctimas del virus y traicionar las esperanzas que la generación fundadora de la ONU puso en nosotros.

BAN KI-MOON*
© Project Syndicate
Nueva York* Vicepresidente de The Elders y exsecretario general de las Naciones Unidas.



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