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Trump, amo y señor del Partido Republicano

Written by on May 16, 2021


La salida de Liz Cheney de la jefatura republicana en la Cámara de Representantes estaba cantada desde hacía semanas. Sin embargo, cuando su cabeza finalmente rodó el miércoles pasado, quedó en evidencia un hecho que se ha vuelto inapelable: el “partido de Lincoln “, uno de los más tradicionales en la historia de EE. UU., es hoy el partido del expresidente Donald Trump. Y de sus designios.

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Cheney, hija del expresidente Dick Cheney (2001-2009), llegó al Congreso en el 2017 como una de la voces más conservadores en esta colectividad. Antiaborto, proarmas, en favor del libre comercio, de profundas convicciones religiosas, mano dura en política exterior y muchas de las otras causas que siempre han identificado a este partido.

Todo un “halcón”, como en su momento se consideró a su padre. Tan vertical fue en sus planteamientos que con rapidez escaló a Jefe de la Conferencia Republicana, el tercer puesto con más autoridad en el Capitolio.

Pero a finales del año pasado comenzó a caer en desgracia. Su pecado fue no respaldar a Trump en su esfuerzo por mantenerse en el poder a pesar de haber perdido las elecciones y denunciar su rol en la violenta toma del Capitolio del pasado 6 de enero.

Cheney, de hecho, fue de los pocos republicanos que votaron a favor de destituirlo por su rol en ese incidente.

Para la legisladora, lo de Trump fue un “asalto frontal contra la democracia”, el más serio que ha enfrentado el país desde la guerra civil y uno que seguirá vigente mientras se siga propagando el mito de que los comicios fueron fraudulentos y continúen los ataques contra el sistema electoral.

Elise Stefanik

La representante Elisa
Stefanik remplazó a Cheney como número tres dentro del partido.

Foto:

Chip Somodevilla. Getty Images. AFP

Kevin McCarthy, el líder del partido en la Cámara, recomendó su destitución pues a su juicio, la congresista no ha parado de “relitigar” esa fractura que vivió el país cuando el objetivo debería ser enfocar los esfuerzos para recuperar el Congreso en el 2022 y luego la Casa Blanca en 2024.

Y ese, en gran medida, es el argumento que están usando la mayoría de los republicanos para justificar su remoción.

Pero el planteamiento es endeble. “Si hay alguien que no ha parado de insistir en esta ‘Gran Mentira’ es el propio Trump”, afirma el exsenador Jeff Flake, uno de los pocos en el partido que salió a defender a Cheney.

¿Culto a Trump?

De hecho, denunciar el supuesto fraude se ha convertido en una prueba de lealtad sin la cual no hay ingreso al círculo del expresidente.

Tanto, que a lo largo de todo el país, los republicanos han comenzado a castigar -con mociones de censura y aislamiento político- a cualquiera que se atreve a cuestionar el triunfo del exmandatario.

Así mismo, vienen promoviendo cambios en las leyes electorales bajo el supuesto de que hubo fraude, pero cuyo fin último parece ser la supresión del voto en sectores que no les son favorables.

“No hay una sola prueba de irregularidades en las elecciones. Pese a ello se están cambiando las normas por que el público, al menos el republicano, desconfía del sistema. Y la única razón por la que existe esa desconfianza es que por Trump, y los políticos que decidieron seguirle la cuerda, continúan insistiendo en esta teoría de conspiración”, sostiene Mike Taylor, exfuncionario de la pasada administración.
Cheney, dice Flake, se negó a ser parte de este peligroso juego.

Liz Cheney, legisladora republicana a favor del juicio político contra Trump

Liz Cheney votó a favor de destituir a Trump por incentivar la turba que se tomó el Capitolio.

“Perdió su cargo y probablemente su carrera política, por que le apostó a la salud de nuestro sistema constitucional a largo plazo y no a consentir el ego maltratado de un líder que se comporta como un autócrata. Hay que decirlo de frente. En el Partido Republicano contemporáneo no hay ofensa más grande que la honestidad”, afirma este legislador.

Muchos de ellos, no obstante, están con la espalda contra la pared.

Situación imposible

Si bien la popularidad de Trump ha caído (del 91 por ciento en diciembre al 72 por ciento tras la insurrección del 6 de enero), sigue siendo la fuerza dominante entre la base.

Y el grueso ha llegado a la conclusión de que sin su respaldo no tienen futuro o cabida en el partido republicano actual. Algunos como Mitch McConnell, el líder de la colectividad en el Senado, intentaron tomar distancia. Pero han reculado ante la perspectiva de un partido fracturado y débil para enfrentar a los demócratas en las próximas elecciones.

“Si hay dos personas en todo el Congreso que realmente creen que a Trump le robaron las elecciones son muchas. Pero pocos se atreven a decirlo porque temen a su ira. Es una verdad incómoda que Liz Cheney si se atrevió a promulgar”, afirma Adam Kinzinger, otro de los contados legisladores republicanos que están dando la pelea.

Perdió su cargo y probablemente su carrera por que le apostó a la salud de nuestro sistema constitucional y no a consentir el ego maltratado de un líder que se comporta como un autócrata.

Aunque todavía son pocos, dentro del partido ha comenzado a tomar forma una facción de antitrumpistas que quieren recuperar sus riendas.

Este jueves, pocas horas después de la destitución de Cheney, un grupo de 150 figuras republicanas publicó una carta en la que amenazan con formar un tercer partido si no hay un cambio de dirección. Según estos “el partido perdió su rumbo”  es necesario refundarlo bajo los principios que lo volvieron relevante.

“Esta coalición lo que busca es catalizar una reforma del Partido Republicano y su compromiso con la verdad, la decencia y los valores de nuestros fundadores. Si no lo logramos, entonces buscaremos una tercera alternativa”, dicen en la carta que incluye la firma de personas con peso.

Entre ellas, el expresidente del Partido Republicano, Michael Steel, el secretario para la Seguridad Interna Michael Chertoff, el exdirector de la CIA, Michael Hayden, entre otros.

Insurrección republicana

Cheney aún no se une a este esfuerzo. Pero tras su salida prometió que hará todo lo que esté a su alcance para impedir que “Trump vuelva a acercarse a la Casa Blanca” y anunció la creación de un comité político que trabajará con este fin, ofreciendo respaldo y fondos a candidatos que quieran oponerse a Trump.

A juzgar por el tono, lo que plantean es toda una batalla por el corazón del partido, que podría terminar por dividirlos aún más.

Pero en la práctica, se trata de una insurrección muy pequeña y con poco futuro. De acuerdo con Bill…



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