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Rusia y China se unen para aguantar presión de EE. UU. y UE – Latinoamérica – Internacional

Written by on December 19, 2021


Los enemigos de mis enemigos son mis amigos, debió pensar el presidente ruso, Vladimir Putin, cuando el pasado miércoles se reunió por videoconferencia con el presidente chino, Xi Jinping. Un encuentro virtual que se dio justo cuando las tensiones entre Moscú y Washington con sus aliados europeos llegaron a un punto álgido ante la amenaza de invasión de Ucrania por parte del Kremlin.

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Los servicios secretos estadounidenses aseguran –y comparten la información con la Unión Europea (UE)– que Moscú prepara a 175.000 hombres, artillería, blindados pesados, medios de guerra electrónica, drones armados y demás parafernalia militar para invadir Ucrania este mismo enero.

Para no hacerlo exige a Estados Unidos y a las potencias europeas que desmientan la promesa que hicieron en 2008 a Ucrania, cuando le abrieron la puerta de la Otán sin una fecha determinada de anexión, junto con Georgia, ambas exrepúblicas soviéticas.
Moscú quiere que esa promesa se elimine y que la Otán –de la cual hacen parte 21 países de los 27 del bloque europeo– se comprometa a no establecer armamento ni en Ucrania ni en Estados miembros de la Alianza Atlántica fronterizos a Rusia, como las repúblicas bálticas.

Sin embargo, la Otán rechazó las peticiones rusas, mientras que la UE se sumó a las amenazas de EE. UU. de imponer sanciones nunca vistas y advertir sobre “graves consecuencias” si sus tropas atacan a Kiev.

En ese juego de ajedrez entra China de la mano de Rusia. Xi Jinping prometió apoyo a Moscú en sus conflictos y Putin hizo lo mismo con Pekín, aunque nadie espera una verdadera alianza militar en la que una de las potencias defienda a la otra en caso de conflicto armado. 

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Rusia-Ucrania

Rusia ha ubicado en la frontera con Ucrania unos 100 mil soldados

“Habría que tener cuidado al caracterizar la relación como una alianza. Eso implicaría compromiso de defensa común en el supuesto de un ataque. La terminología sería la de partenariado estratégico.

Sin declarar una alianza formal o firmar pacto alguno en materia de defensa, Xi Jinping propuso “cooperar más efectivamente para salvaguardar los intereses de seguridad de las dos partes”.

Rusia y China, con unos 4.000 kilómetros de frontera común, siempre se han visto entre la confianza de la época en la que las dos compartían régimen político (un autoritarismo o totalitarismo comunista) y la desconfianza con la que se mira a un país vecino que es a la vez una de las mayores potencias militares del planeta.

Sin embargo, esos desencuentros no imposibilitan que ambas potencias estén cada vez más de acuerdo en materias como comercio internacional, seguridad o relaciones con Estados Unidos, a quien las dos ven como su gran rival mundial.

El doctor Zachary Paikin, analista del CEPS de Bruselas, considera que “habría que tener mucho cuidado al caracterizar la relación como una alianza. Eso implicaría un compromiso de defensa común en el supuesto de un ataque. La terminología oficial que caracteriza su relación es de partenariado estratégico, que parece más a una entente que a una alianza”.

No sería un apoyo en seguridad, creen expertos

Paikin entiende que el hecho de que la relación tenga un componente militar no va más allá porque “su objetivo primario es dessecurizar sus relaciones bilaterales en su vecindario para que cada uno pueda perseguir sus intereses en Europa oriental y el este de Asia respectivamente”.

Así, explica Paikin, “la ayuda que China podría proveer a Rusia en el caso de una incursión del Kremlin en Ucrania sería probablemente ayudar a Moscú a evitar un aislamiento económico y diplomático”.

Uno de los asuntos que trataron y que está íntimamente relacionado con la amenaza de sanciones europeas a Rusia es la creación de una “infraestructura financiera independiente”.

Los europeos consideran que una de las sanciones que más puede doler a la economía rusa sería atacar a su sistema financiero expulsando a sus bancos del sistema Swift, el que rige la mayor parte de las transacciones bancarias internacionales. Swift es una empresa privada con sede en Bélgica que gestiona más del 90 por ciento de las transacciones financieras del planeta.

China toma medidas

El presidente chino, Xi Jinping.

Esta reunión ruso-china llega cuando Putin está en el momento crítico de su amenaza sobre Ucrania.

Esta semana, de visita en Moscú, la vicesecretaria de Estado estadounidense, Karen Donfried, recibió un documento con la lista de exigencias de Putin para dejar tranquila a Ucrania, entre otras la eliminación de la promesa de que algún día Ucrania será Estado miembro de la Otán, alejar sus maniobras militares de las fronteras rusas y que deje de colocar misiles de corto y medio alcance en Europa, algo que el secretario general de la Otán, Jens Stoltenberg, ya rechazó.

Putin y Xi Jinping no trataron este asunto ucraniano, según la versión de sus diplomacias, pero el chino sí le dijo al ruso que los dos países deberían coordinarse más para salvaguardar sus intereses. Xi Jinping dijo que “algunas fuerzas internacionales, bajo el disfraz de la democracia y los derechos humanos están interfiriendo en los asuntos internos de ambos”.

Se queja así el chino de asuntos como la no ratificación del tratado de protección de inversiones firmado ya hace un año con la UE y que guarda el sueño de los justos en algún armario de Bruselas por la negativa del Parlamento Europeo en ratificarlo.

Pekín también tiene choques con Estados Unidos por Taiwán y la influencia de las dos potencias en los mares al sur de China, y Europa por los derechos humanos en la región china, de mayoría musulmana, de Xinjiang, donde los europeos denuncian que se están cometiendo masivas violaciones de derechos fundamentales como el encierro de cientos de miles de personas en campos de concentración, que China llama centros de reeducación.

Washington y Bruselas también chocan con Pekín por la represión del movimiento democrático en Hong Kong.

La referencia a la cumbre de democracias organizada por el presidente estadounidense Joe Biden parecía evidente: “Si un país es una democracia y cuál es la mejor manera de ser democrático sólo lo puede juzgar su propio pueblo”. Putin dijo que la relación entre China y Rusia es “un verdadero modelo de cooperación interestatal para el siglo XXI”.

Morgane Farghen, experta del Instituto Nacional de Estudios y Civilizaciones Orientales, una entidad de la universidad parisina de La Sorbona, explica que “ya como antigua potencia dominante, colocada en el corazón de la historia durante el siglo XX por la bipolaridad, la Unión Soviética propulsó a Rusia al centro del tablero internacional, una posición favorable que Moscú intenta conservar a pesar de sus crisis internas profundas y de una pérdida de influencia”.

Una en declive, la otra en expansión

Esta investigadora considera que “Rusia está en declive, mientras China está en una trayectoria en ascenso”. Y que China, “como antigua potencia secundaria, minada por la guerra civil y el conflicto chino-japonés en el siglo XX, entra a este siglo con los atributos de una gran potencia gracias a su inserción internacional y a reformas económicas profundas”.

Farghen considera que a pesar de “trayectorias históricas opuestas”, Moscú y Pekín se acercan todavía hoy en una convergencia de opiniones que “las conduce a adoptar posiciones comunes” porque se encuentran en trayectorias similares “en cuestiones de actualidad donde podríamos suponer lo contrario, que sus singularidades las alejaran la una de la otra”.

Esta analista considera que “la crisis ucraniana, pero también las de Oriente Próximo, Libia o Siria nos recuerdan que los enemigos se puede volver amigos”.

Idafe Martín Pérez
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