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Razones para pensar que la situación de América Latina no es tan mala ni apocalítica – Latinoamérica – Internacional

Written by on October 25, 2020




A medida que el 2020 llega a su fin, América Latina es, lamentablemente, el punto cero de la pandemia mundial, con seis de los 10 brotes más letales del mundo (Perú, Bolivia, Brasil, Ecuador, Chile y México) hasta ahora medidos por muertes confirmadas per cápita, según la base de datos de Johns Hopkins. Y seguramente los números reales son más altos.

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Asimismo, se espera que las economías de la región se contraigan más de un 8 por ciento en promedio. Eso sería dos veces peor que Estados Unidos y peor que cualquier otra región del mundo, excepto la zona euro, según el Fondo Monetario Internacional.

No hay duda de que el covid-19 ha expuesto muchos de los problemas más evidentes de América Latina, desde la alta desigualdad que incluye la atención médica y hasta la poca confianza en los gobiernos. La región ya estaba luchando antes de la pandemia con protestas sociales desde Chile hasta Colombia; la peor violencia del mundo (33 por ciento de los homicidios mundiales, a pesar de tener solo el 8 por ciento de su población); y algunas de sus economías con un grave desempeño.

No obstante, creo que al menos parte del pesimismo sobre las perspectivas de la región es exagerado. Se ignora la historia reciente de América Latina y también se comete un error fundamental y humano. Creo que la próxima década será difícil para la región, llena de desafíos; pero quizás no el apocalipsis que muchos esperan hoy, y aquí explico algunas de mis razones para creerlo.

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Hemos estado aquí antes

La crisis argentina de 2001-02 fue, en muchos sentidos, peor que el panorama actual. Le costó al país el 20 por ciento de su producto interno bruto, y uno de cada tres argentinos llegó a estar desempleado. El infame ‘corralito’ congeló y luego devaluó las cuentas bancarias de la gente. Para la mayoría de los argentinos, las consecuencias fueron infinitamente peores. El hambre generalizada desencadenó disturbios y saqueos que obligaron al entonces presidente, Fernando de la Rúa, a dimitir y abandonar la Casa Rosada en helicóptero. Argentina tuvo cinco presidentes diferentes en un periodo de solo dos semanas.

Los primeros años de la década del 2000 fueron tiempos muy difíciles, no solo en Argentina, sino en toda América Latina. En Colombia, el gobierno casi se quedó sin dinero en efectivo para pagar a los trabajadores y las Farc-ep estaban en su apogeo, con un récord de secuestros y atentados con bombas en los meses previos a la elección de Álvaro Uribe. Brasil estaba atravesando una terrible crisis financiera cuando los inversores entraron en pánico por lo que haría Luiz Inácio Lula da Silva cuando fuera presidente. Un golpe fallido y una huelga general en Venezuela hundieron más a ese país en la polarización y el éxodo de su clase media. México se dio cuenta de que ni el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) ni la salida del Partido Revolucionario Institucional (PRI), después de 71 años en el poder, serían suficientes para desencadenar una nueva era de rápido crecimiento.

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En 2002, muchas personas estaban convencidas de que la década del 2000 sería una década perdida para América Latina. Lo que siguió, en cambio, para sorpresa de muchos, fue la mejor década de la historia moderna de la región.

La crisis argentina de 2001-02 fue, en muchos sentidos, peor que el panorama actual. Le costó al país el 20 por ciento de su producto interno bruto, y 1 de cada 3 argentinos llegó a estar desempleado

Las economías de América Latina se han caracterizado por ser cíclicas, y el periodo comprendido entre 2003 y 2013 fue uno de los más prósperos: cerca de 50 millones de latinoamericanos salieron de la pobreza y pasaron a la clase media, pudiendo pagar automóviles, viajes en avión o lavadoras por primera vez. Incluso la desigualdad también cayó, aunque solo sea un poco.

Para el 2010, la economía de Brasil creció un 7,6 por ciento; pocos creían que era sostenible, pero nadie esperaba que creciera menos del 3 por ciento en los años siguientes. Otros países estaban viviendo un momento igualmente encantador. En Wall Street y dentro de la región se habló seriamente de que la década del 2010 sería ‘la década latinoamericana’ y de que los niveles de vida convergerían con países como España y Portugal.

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Sin embargo, en esta década, algunos países sufrieron más que otros. Los de la costa pacífica, que tendían a ser más abiertos al comercio, se desempeñaron mejor que Argentina y Brasil, y mucho más que Venezuela. Pero, en general, América Latina terminó quedando muy rezagada durante una era de sólido crecimiento global.

Un relativo optimismo

Cada vez que América Latina está en la cima de la curva, la gente se deja llevar y comienzan a creer que los buenos tiempos durarán para siempre. Durante las crisis ocurre lo contrario y se impone una especie de fatalismo. La lista de personas que he visto caer víctimas de esta forma de pensar incluye a personas muy inteligentes: directores ejecutivos, economistas de renombre, inversores de Wall Street, políticos y ciudadanos comunes. Prácticamente nadie parece inmune.

Quizás el covid-19 y las tendencias negativas de la década del 2010, además de otros factores como la caída de las tasas de natalidad, la política populista miope y la inversión crónicamente baja, han condenado a la región a un periodo inusualmente difícil por delante. Pero luego pienso en la década del 2000 y en las lecciones reales del último ‘boom’, en el que gran parte del crecimiento se debió a China y al ciclo de las materias primas, aunque no fue la única razón.

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La década del 2000 también fue una era en la que América Latina cosechó los beneficios de reformas duramente ganadas, muchas de las cuales se habían realizado en la década anterior, y que iban desde medidas para reducir la inflación y estabilizar el sistema financiero (Brasil y Perú, entre otros) hasta mejoras en la seguridad (sobre todo en Colombia) y programas de bienestar que ayudaron a crear una nueva clase de consumidores más seguros (Argentina, Brasil, Perú y otros lugares). En retrospectiva, muchas de estas tendencias positivas fueron visibles antes del auge, escondidas a plena vista.

Entonces, ¿cuáles podrían ser las razones subestimadas para el optimismo esta vez? ¿Qué podría llevar a la década del 2020 a un sorprendente alza, aunque sea un poco? Aquí destaco cinco posibilidades.

Mayor educación

La primera razón, y creo que la más importante, son los mayores niveles de educación. El porcentaje de jóvenes en América Latina que estaban matriculados en educación superior se duplicó con creces entre 1991 y 2010, y ahora incluye a más del 40 por ciento de ese grupo de los jóvenes.

Ninguna otra región del mundo ha visto algo así. Hace veinte años, las tasas de educación superior de América Latina eran comparables a las de Asia Central; hoy se han adelantado. Más de 2.300 nuevos institutos de educación superior se han abierto en América Latina desde principios de la década del 2000, según un informe del Banco Mundial. Aquellos que se graduaron en medio de ese auge están llegando a los mejores años de sus carreras, lo que sugiere un dividendo que está a punto de comenzar a dar sus frutos.

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Sí, hay dudas sobre la calidad desigual de la educación. Y sí, la pandemia está obligando a muchos de los estudiantes de hoy a abandonar la escuela para ayudar a mantener a sus familias. Pero esta nueva generación puede seguir siendo la mejor esperanza que hemos visto para finalmente mejorar la productividad en América Latina, que según sugieren los estudios ha estado estancada durante más de 40 años. Si las economías van a crecer en la década del 2020, casi que tendrá que provenir de la productividad; es poco probable que las exportaciones de productos básicos y la expansión de la fuerza laboral (los dos principales motores de crecimiento de las últimas décadas) ayuden.

No estoy de acuerdo con gran parte del fatalismo que escucho, porque siento que ignora la historia reciente de la región

Crecimiento tecnológico

El crecimiento de la tecnología móvil parece destinado a favorecer a América Latina, dadas sus altas tasas de uso, y muchos pronostican que la región “saltará” etapas de desarrollo en áreas como ‘fintech’ y banca móvil. Además, un periodo de tasas de interés globales bajas sostenidas impulsará a los inversores a buscar un mayor rendimiento en lugares más riesgosos, lo que significa una oportunidad para América Latina, aunque no haya garantía de éxito.

Cambios políticos

Una de las debilidades más evidentes de la región en este momento, en mi opinión, es un liderazgo deficiente a nivel presidencial. Demasiados presidentes, tanto de izquierda como de derecha, se están centrando en las ‘guerras culturales’, atendiendo solo a su base o aferrándose a viejas y desacreditadas ideas sobre la economía. Pero en muchos países, las instituciones democráticas están demostrando ser resilientes, ayudando a reparar algunas de esas deficiencias. Los líderes del Congreso de Brasil, por ejemplo, aprobaron casi por sí solos una importante reforma de las pensiones en 2019, y desde entonces han servido como salvaguardia contra las extralimitaciones del Ejecutivo. Chile ha canalizado la furia popular del año pasado en un proceso de referéndum para una nueva Constitución. Argentina ha gozado de cierto consenso político sobre cómo manejar la pandemia, aunque eso se ha desvanecido en las últimas semanas.

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Nuevos empresarios

La quinta y última razón del relativo optimismo está relacionada con el cambio de valores en el sector privado. Los líderes empresariales de América Latina, especialmente los más jóvenes, se están dando cuenta de la necesidad de liderar en ciertos temas, que no pueden dejar la política en manos de los políticos. Parte de esto se debe a los cambios en los estándares de gobierno, así como a las demandas de sus propios clientes.

Escucho a líderes empresariales brasileños presionando mucho más agresivamente que antes por protecciones para la Amazonia, por ejemplo. Los empresarios de la región están presionando con más fuerza para lograr un mayor comercio e integración. También hay mucho más énfasis en los estándares de cumplimiento luego de los grandes escándalos de la década del 2010, incluido Lava Jato.

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No espero milagros en ninguno de estos frentes (la corrupción no ha desaparecido), pero se debería ayudar a crear un entorno empresarial más transparente y más justo, con menos oligopolios y acuerdos internos que han sofocado el crecimiento y el espíritu empresarial en las últimas décadas. Creo que hay al menos algunas razones para la esperanza.

En conclusión, en los 20 años que he seguido y escrito sobre América Latina he visto muchas crisis, pero también muchos avances. No estoy de acuerdo con gran parte del fatalismo que escucho, porque siento que ignora la historia reciente de la región, que incluye éxitos que no solo fueron el resultado de fuerzas externas, sino decisiones internas que involucran sacrificio y trabajo duro.

Creo que al menos es posible que con el liderazgo adecuado y las decisiones adecuadas, América Latina pueda sorprendernos positivamente una vez más. La década del 2020 solo se ‘perderá’ si todos permitimos que eso suceda.

BRIAN WINTER*
Americas Quarterly
Editor en jefe de Americas Quarterly y vicepresidente de políticas de Americas Society / Council of the Americas. Analista y orador que ha vivido la política latinoamericana durante los últimos 20 años. 
https://www.americasquarterly.org/



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