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Quién es Stella Immanuel, la doctora que habla en video que difundió Donald Trump – EEUU y Canadá – Internacional

Written by on July 29, 2020




Stella Immanuel es una pediatra en el área de Houston, Texas. Pero además, lidera una iglesia no ortodoxa que defiende la tesis de que enfermedades como la endometriosis y la impotencia masculina son causadas por haber sostenido relaciones sexuales con demonios que habitaban la tierra en las épocas de Noé, pero que ahora visitan a sus víctimas en sueños.

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Según sus enseñanzas, que están disponibles en YouTube, EE. UU. viene desarrollando una vacuna para acabar con la fe religiosa y que muchas drogas desarrolladas por científicos están hechas con material genético de extraterrestres.

Ahora, al parecer, también se ha convertida en la “experta” a la que recurre el presidente Donald Trump en materia de covid-19.

Immanuel, de hecho, es la autora de un video que promovió el presidente Donald Trump este lunes en el que sostiene que los tapabocas no sirven para prevenir el coronavirus y que la hidroxicloroquina, una remedio para la malaria que no ha mostrado efectividad en la lucha contra la pandemia, es la cura para la mortal enfermedad.

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Gracias al impulso que le dieron el presidente y su hijo Donald Trump Jr., más de 10 millones de personas alcanzaron a ver las recomendaciones de la doctora antes que Twitter y Facebook optaran por retirarlo de sus plataformas.

El tema ha vuelto a dejar por sentado la profunda división que existe entre el mundo científico y un Trump que sigue desacreditándolos mientras da validez a teorías de conspiración y remedios sin sustento terapéutico.

Este mismo lunes, y luego decir que mantiene buenas relaciones con el doctor Anthony Fauci, miembro de su equipo anti coronavirus y uno de los expertos más respetados del país en el tratamiento de este tipo de enfermedades, circuló un trino de uno de sus seguidores según el cual Fauci es un “fraude”.

Y este martes, cuando el país sumó otros 1.000 muertos por covid-19 y se superó la barrera de los cuatro millones y medio de infectados, Trump dedicó parte de una rueda de prensa organizada para promover su liderazgo frente a la pandemia a quejarse por que la popularidad de Fauci es mucho más alta que la suya.

En la mayoría de encuestas, el doctor, quien es el director del Instituto Nacional para las Alergias y Enfermadas Infecciosas desde hace más de tres décadas, goza de una aprobación de casi el 70 por ciento.

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Por el contrario, en Trump solo confía un 32 por ciento de la población en lo que se refiere al manejo de la crisis (sondeo de la Agencia AP de este domingo).

“Él tiene altos índices de aprobación. Entonces, ¿por qué no tengo yo esos altos índices de aprobación con respecto al virus?. Es curioso, trabaja para nosotros, muy de cerca. Fauci y la doctora Birx (otra miembro del equipo anti coronavirus) también. ¿Y ellos tienen índices muy altos pero a mi nadie me quiere? Tiene que ser mi personalidad”, dijo el presidente sin esconder la molestia que le produce no recibir el mismo crédito que los doctores.

Se trata, obviamente, de una distorsión de la realidad. Mientras los doctores y expertos han insistido en que las políticas frente a la enfermedad deben ser guiadas por fundamentos científicos, Trump lleva seis meses nadando contra la corriente.

Primero, minimizando la crisis y, luego, empujando por una reapertura acelerada que es, según los mismos expertos de su administración, la raíz del rebrote que se está viviendo en estados del sur y sur oeste.

Además, no ha dejado promover la idea que los tapabocas no sirven, lo cual va en contra vía de lo aceptado a nivel mundial, y medicamentos ineficaces y peligrosos.

Como cuando recomendó tomar detergente para matar al virus e irradiar a los pacientes con luz ultravioleta.

Eso ha provocado en tremendo descenso en su credibilidad. En la encuesta de AP, solo un 68 por ciento de los republicanos aprueban su manejo de la crisis. Un número muy bajo para un presidente que hasta poco gozaba de la aprobación de más del 90 por ciento de su partido.

Y que está teniendo efectos en su campaña de reelección, donde Joe Biden, su rival demócratas en las presidenciales de noviembre ya le saca más de 10 puntos de diferencia.

Pero también en otros prácticos. Su resistencia a las máscaras, por ejemplo, se ha traducido en que un importante sector de la población las ve con desconfianza. Algo que hace más difícil controlar el avance de la enfermedad.

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De acuerdo con Biden, esa falta de credibilidad podría tener también un impacto serio una vez esté lista la vacuna para tratar el coronavirus.

“La gente escucha lo que dice un presidente. Y si un presidente dice falsedades de manera repetida y luego anuncia que ya tiene algo que te puede curar, nadie va querer escuchar a un tipo que se la ha pasado mintiendo“, afirma Biden.

Eso ha cobrado más vigencia a la luz de noticias recientes según las cuales la administración ha comenzado a suprimir la información que reportan los hospitales sobre contagios y muertes y está excluyendo al Centro para el Control de las Enfermedades Infecciosas (CDC) y otras agencias en el área de salud de un rol más prominente en el manejo de la crisis.

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SERGIO GÓMEZ MASERI
CORRESPONSAL DE EL TIEMPO
WASHIGTON
@sergom68





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