Pedro Sánchez le marca límites a Donald Trump
Written by Rossana Marquez on March 10, 2026
“Vamos a cortar todo el comercio con España. No queremos tener nada con España”. La frase, lanzada por Donald Trump en el Despacho Oval en presencia del canciller alemán Friedrich Merz, es otra muestra de sus delirios imperiales y plantea un nuevo desafío para la Unión Europea (UE); las relaciones comerciales con el reino español no son bilaterales, se enmarcan en el acuerdo comercial que vincula a los 27 países miembros.
El detonante de la ira es conocido. Pedro Sánchez se negó a autorizar que las bases militares de Rota y Morón —instalaciones españolas con presencia estadounidense regulada por tratados bilaterales— fueran empleadas en la Operación Furia Épica, el ataque conjunto de Estados Unidos e Israel sobre Irán iniciado el 28 de febrero. Su ministra de Defensa, Margarita Robles, fue precisa: “Ni desde Morón ni desde Rota se ha realizado ni se va a realizar ninguna acción de mantenimiento o apoyo.” El fundamento jurídico es sólido: el acuerdo de 1988 exige autorización previa del Ejecutivo español para cualquier operación que exceda el marco pactado. Una guerra no declarada contra Irán, al margen de la Carta de las Naciones Unidas, no encaja en ninguno de los epígrafes de ese convenio.
Trump, que se irrita cuando alguien le lleva la contraria, recurrió a su manual de siempre: la amenaza como ariete diplomático. Igual que con Dinamarca, con Canadá, con México, con China, con Colombia y con medio mundo. El patrón es invariable: quien no se doblega recibe una amenaza o una sanción. En este caso hay una ironía que Trump parece ignorar, o que simplemente no le importa: en 2025, Estados Unidos exportó 4.600 millones de dólares más a España de lo que importó desde ese país. Cortar el comercio con Madrid perjudicaría más a las empresas estadounidenses que a las españolas.
Las armas de Trump
Su arsenal coercitivo es bien conocido. Incluye amenazas arancelarias, demandas judiciales, cancelación de visados, inclusión en la “Lista Clinton”, secuestro y judicialización de adversarios —como en el caso de Nicolás Maduro—, amenazas de invasión territorial —como ocurrió con Groenlandia— y el asesinato selectivo, tal y como acaba de suceder con Alí Jamenei, líder supremo de la República Islámica de Irán. A esto se suma, por supuesto, la lluvia de misiles. Es el ejercicio arbitrario de un poder económico, político y militar cuyos únicos límites, según ha declarado él mismo, son su voluntad y su propia moral. De allí que casi todos los gobernantes del planeta se sientan amenazados, aunque pocos lo digan en público.
Fuente editorial adaptada por BeOne Radio Canada.
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