Nairito pliega las alas
Written by Rossana Marquez on March 22, 2026
Antes de comenzar la Volta a Catalunya, una de las muchas carreras que ha ganado, Nairo Quintana convoca a la prensa y anuncia que pliega las alas. “He venido a decirles que esta es mi última temporada como ciclista profesional”, dice. “Cada carrera que corra este año será una gran fiesta, un último baile en cada ocasión”.
Narito, que ya tiene 36 años, no volará más. Se retira uno de los eslabones, quizás el más fuerte, de la gran cadena del ciclismo colombiano que surgió en la cordillera con Efraín Forero, el Indomable Zipa, como luz entre las sombras de la gran violencia que asoló, y aún asola, el país. Ramón Hoyos, Martín Cochise Rodríguez, Lucho Herrera manchado de sangre, en la cara conquistando Francia, en las manos, en su tierra, Fabio Parra, músico y pedalista, y luego la generación dorada del siglo XXI, los nacidos en los 90, Chavito, Egan, Nairo.
Un Giro, una Vuelta, Itzulia, Volta, Romandía, dos Tirrenos, dos veces segundo en el Tour, rey de la montaña, mejor joven, una vez tercero…
Ninguno como Nairo. El goce del flechazo, la piel de gallina, el estremecimiento inefable que precede siempre a la devoción que aturde, en 2013 en la cima del Mont Ventoux, donde no hay sombras.
Para las gentes del ciclismo, que aman las leyendas trágicas, el Ventoux es la montaña grandiosa y terrible del inglés Tom Simpson, un ciclista cargado de anfetaminas y malos sueños que murió en el Tour del 67 abrasado por el sol en su superficie lunar. Son solo piedras blancas que reflejan la luz hasta deslumbrar, y entre ellas Nairo vuela. Es el final de una etapa de su primer Tour. Llega segundo, muy cerca del primero, el inglés Chris Froome, y llega exhausto. Periodistas, masajistas, policías empujando se agolpan a su alrededor en la mínima meta, junto a la antena del observatorio. Ahí al lado, al alcance de los dedos, Nairo Quintana. Minutos antes era Nairoman, un superhombre; es ahora Nairito, un niño pequeño en brazos de Borja, su masajista, que lo levanta amoroso, un pájaro frágil que busca el aire a grandes bocanadas, un angelito dormido en éxtasis místico, camino del cielo. Solo unos días antes Alejandro Valverde, el líder del Movistar, había perdido el Tour en un abanico entre campos de girasoles en la llanura de Saint Amand Montrond. Nairo sobrevivió a la emboscada.
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Fuente editorial adaptada por BeOne Radio Canada.
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