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Mitterrand abrió la puerta a los derechos sociales y la convivencia – Europa – Internacional

Written by on May 28, 2021



Al cumplirse en mayo los 40 años de la llegada de la izquierda al poder con el líder socialista François Mitterrand, periodistas, académicos y líderes políticos han descrito esta fecha como un quiebre en la historia de la V República. Un hito ya que la izquierda, que había estado 23 años en la oposición, lograba retomar los destinos del país con la bandera del Front Populaire (coalición de izquierda que llegó al poder entre 1936-1938) y las reivindicaciones de mayo del 68.

Valga recordar que estos dos periodos fueron cruciales en cuanto a los derechos sociales. Para los adultos mayores, el Front Populaire representó las licencias remuneradas, la semana laboral de 40 horas, la escolaridad obligatoria hasta los 14 años y la creación del ministerio del Deporte y la Cultura. Para los más jóvenes, mayo del 68 significó una revolución cultural y una ampliación de las libertades.

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Cuatro décadas más tarde, los dos septenios de Mitterrand son mirados escrupulosamente. Mientras el periódico de izquierda Libération asegura que la elección suscitó una inmensa esperanza e ilusión, en Le Figaro, Nicolas Baverez considera que fue el declive no solo en el campo económico sino en la dificultad de modernizar a la izquierda francesa, en el contexto de la socialdemocracia europea.

¿Cómo logró Mitterrand llegar al poder con un amplio apoyo de la izquierda? ¿Qué lecciones deja la esperanza de una transformación radical a través de un cambio de modelo? ¿Y qué podría decirle aquel fenómeno a Colombia, desconcertada por una gran agitación social y el deseo de cambio, en la política y en la sociedad?

Un sueño hecho realidad

Como lo asegura en el semanario L’Obs el historiador y biógrafo de Mitterrand, Michel Winock, la crisis económica, el choque petrolero del 73, la política de austeridad del primer ministro Raymond Barre y el aumento del desempleo sazonaron el caldo de cultivo que le permitió a Mitterrand allanar el camino hacia el poder.

A todo ello se sumó el “escándalo de los diamantes”, un regalo que el exemperador africano Bokassa le habría dado al presidente Giscard D’Estaing. Este evento se difundió rápidamente y el presidente no logró desmentirlo de manera convincente.

Si la situación económica era compleja y la figura presidencial se deslegitimaba, el diseño de una clara estrategia de campaña fue la que permitió el triunfo de Mitterrand.

Gérard Courtois en su libro Parties de campagne, anota que el camino pavimentado incluyó el aspecto físico del candidato, un profundo trabajo publicitario, la elaboración de un detallado frente diplomático y un amplio programa político. Mitterrand no dejó nada al azar. Desde el recorte de sus caninos para mejorar su sonrisa, la publicación de un libro Acá y ahora y la definición de una bandera electoral que generara serenidad en la derecha, ‘La fuerza tranquila’.

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En poco menos de seis meses, realizó un periplo que lo condujo a España a participar en la Internacional Socialista, a Israel para hablar con Shimon Peres, a China a entrevistarse con Deng Xiao Ping, a quien le aseguró que la victoria era “ineluctable”, y, por último, a Alemania, a encontrarse con el premio Nobel de Paz Willy Brandt.

El punto central de su candidatura fue una agenda programática de 110 puntos, que incluía la semana de 35 horas, la jubilación a los 60 en vez de los 65 años, el aumento del salario mínimo, la creación de 210.000 empleos nuevos en la administración pública, la imposición del impuesto a las grandes fortunas, la nacionalización de bancos y grupos industriales y un robusto programa de descentralización.

El choque con la realidad

Luego de una dura campaña, el 10 de mayo de 1981 –a las 8 p. m.– se anunció por televisión la victoria del candidato socialista. El júbilo y la emoción de la izquierda contrastaban con la angustia y la desinformación de la derecha. Así lo afirma el periodista de Libération Robert Maggiori: “… muchos fueron los que gritaron de alegría, como en la victoria de una Copa del mundo, abrieron champagne y festejaron en las ciudades francesas. Mientras que otros lloraban y pensaban que los socialistas se comerían a los niños y los tanques rusos, tarde o temprano, llegarían a los campos Elíseos”.

La división de la derecha y el apoyo de un amplio frente de izquierda fueron decisivos para el partido Socialista y para
el triunfo de Mitterrand.

En su discurso como candidato electo, sus palabras dejaron huella sobre el desafío que se le imponía: “A todos les debo el honor y la función que me incumben ahora. Mido el peso de la historia, su rigor y su grandeza. Tenemos tanto para trabajar juntos”. Varios fueron los factores que permitieron su llegada, más allá de las dificultades económicas y el desgaste de Giscard D’Estaing.

La división de la derecha y el apoyo de un amplio frente de izquierda fueron decisivos para el partido Socialista. Al entrar al Palacio del Elíseo, uno de sus primeros actos fue otorgar cuatro ministerios a miembros del Partido Comunista, a manera de reconocimiento por su apoyo y por el triunfo. Como lo describió el escritor Jean D’Ormesson: “… cuando se conoció la escogencia de cuatro ministros comunistas, esto generó en el mundo, como en Francia, una suerte de trueno: el camino se abría a los comunistas. En realidad, se cerraba. Pero ni la derecha ni la izquierda fueron capaces de verlo”.

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La ruptura más grande se dio en el programa económico, pues se quería realizar un cambio de modelo, como lo había anunciado Mitterrand una década atrás en el famoso discurso de Épinay. En poco tiempo sus reformas expansionistas generaron una fuerte desestabilización: aumento de la inflación, estancamiento de la economía, explosión del déficit comercial y aumento del desempleo, haciendo necesario recurrir a tres devaluaciones en dos años.

La principal causa residió en ir en contravía del contexto internacional. La política francesa entró en conflicto con la política neoliberal de Ronald Reagan en Estados Unidos, Margaret Thatcher en el Reino Unido y las propias posiciones europeas. Como lo recuerda el líder político Laurent Fabius, “el programa con el que llegamos se estrelló con el muro de la realidad”.

A tan solo un año de gobierno tuvieron que anteponer “el compromiso europeo” a la ideología y tomaron la decisión de mantenerse en el sistema monetario europeo y realizar un punto de inflexión bajo un nuevo programa, el de la austeridad. Jacques Delors, entonces ministro de Economía y de Finanzas, constata que lo que más le preocupaba no eran los ministros comunistas, que habían dado un apoyo incondicional para obtener el triunfo, sino algunas promesas del programa de 110 puntos. Delors tomaría la decisión con el aval presidencial de cambiar de rumbo y dar vuelta atrás.

Las lecciones

En múltiples ambientes se ha afirmado que Mitterrand suscitó la esperanza de los jóvenes que creían en el socialismo, pero no pudo responder. Algunos, como el economista Nicolas Baverez, sostienen que su ambigüedad se pagó con una precaria modernización económica que todavía hoy afecta al país.

Si bien hoy se pueden mirar con aprobación o desaprobación los dos periodos de Mitterrand, Fabius reitera que el presidente socialista permitió un cambio de visión de la política, comenzando con la alternancia en el poder y la realización de reformas de gran envergadura que no pueden ser desconocidas.

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Herencias no poco significativas, como la abolición de la pena de muerte, la liberalización audiovisual, la profundización de la descentralización y la ampliación de mayores libertades para los ciudadanos, fueron claros resultados de su gestión. Como lo asegura el expresidente François Hollande, la política es, ante todo, un programa de ideas, de propuestas y de pensamientos que confluyen en una combinación entre la reflexión y la articulación. Este simple ejercicio de unión de ideas es el que permite dar vida a un programa político concreto dispuesto a gobernar.

Si bien los escenarios son diferentes, se pueden rescatar elementos para la coyuntura política colombiana, en el marco de las movilizaciones y ad portas de la elección presidencial. El primero, el más recurrente en las últimas elecciones, es la estigmatización del centro y la izquierda, y la utilización del miedo para acallar cualquier cambio. La alternancia política es un elemento fundamental en el debate político y debería remontar la estrategia de los sectores más conservadores.

En segundo lugar, el pragmatismo. Ciertamente la figura de un hombre de Estado como Jacques Delors fue fundamental a la hora de dar un viraje en la política económica superada por la realidad y la coyuntura internacional.

Hoy, cuarenta años más tarde, los principales líderes del gobierno Mitterrand concuerdan en que este viraje fue necesario y tuvieron que enfrentar los sectores más radicales que se empecinaban en convencer al presidente de salirse del sistema europeo. En Colombia, se deben apoyar procesos políticos que sepan combinar la política y el pragmatismo, para responder con habilidad a los desafíos que se avecinan.

En tercer lugar, hay que recordar que el “aggiornamento ideológico” debe ser un punto central de los proyectos políticos actuales. Ningún programa podrá dar la espalda al futuro, es decir, la globalización, la integración económica, la lucha por la igualdad, la economía de mercado, la lucha contra el cambio climático y los desafíos de las nuevas tecnologías.

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La convivencia de ideologías y visiones de país diversas es necesaria para superar el impase de la violencia actual en las marchas. El presidente Duque ha solicitado anteponer “el patriotismo” y dejar de lado “las ideologías”. Sin embargo, temas como la desmilitarización de las protestas, el rechazo al glifosato, la no discriminación de género y la diversidad étnica, entre otros, demuestran que las reivindicaciones se enfocan en desafíos del acuerdo de paz del gobierno Santos.

Colombia ha cambiado los últimos 20 años y hoy la juventud está dispuesta a construir un país donde convivan varios proyectos, sin que se imponga una sola visión.

MARÍA FERNANDA GONZÁLEZ
Especial para El Tiempo

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