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Malinche: de dónde viene la palabra malinchismo – México – Internacional

Written by on October 24, 2021



Malinchismo o cipayismo son fenómenos sociales con raíces en una parte triste y vergonzosa de la historia de América Latina pero que han sobrevivido por siglos hasta hoy, camuflados en las preferencias sociales por el extranjero o lo extranjero en detrimento de lo nacional.

“Los dos tienen que ver con la dominación y tienden a agravarse y a perpetuarse con la globalización y los avances tecnológicos”, dice a EL TIEMPO el respetado sociólogo y escritor Azriel Bibliowicz.

Una de las grandes desventajas de la globalización es la pérdida de la identidad nacional y eso nos dejaría mucho más indefensos frente a estos dos centenarios fenómenos, que algunos, como investigador Alejandro Tomasini Bassois, de la Universidad Autónoma de México (UNAM), consideran como enfermedades sociales.
En Malinchismo filosófico y pensamiento mexicano, por ejemplo, Tomasini Bassois lo describió como “enfermedad nacional”, ligada a un complejo de inferioridad y, siendo como es, una especie de sinónimo de nuestro cipayismo, podría decirse que la definición se aplica igual para nosotros, admiten expertos.

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Los dos fenómenos sociales “existen desde la Conquista y han ido mutando en la medida en que ha cambiado el dominador. La palabra ‘guaricha’, por ejemplo, que en la lengua de los muiscas designaba a una mujer joven o a una princesa, se convirtió en despectivo y sinónimo de prostituta, tras la dominación española”, recuerda Bibliowicz.
“El cipayismo es, por lo tanto, la subordinación al poder dominante y se expresa social y políticamente de muchas maneras. También, en las mutaciones de la lengua”, resalta.
Ese vocablo, además, ha estado muy vinculado históricamente con el colonialismo y el imperialismo.

El Diccionario de mexicanismos, de la Academia Mexicana de la Lengua, define el malinchismo como “un complejo” que ha estado presente en la mente de su pueblo desde la llegada de los conquistadores españoles en 1519, hace más de 500 años.
El malinchismo, que hoy sigue siendo polémico en México, es un término inspirado en el nombre de la Malinche, la indígena que fue esclava, traductora, amante e informante del conquistador español Hernán Cortés contra Moctezuma en la toma y destrucción de Tenochtitlán y quien hasta hoy es vista como la mayor traidora de la historia y considerada como la mujer más odiada de México.

En el resto de América Latina y, en Colombia en particular, el malinchismo se equipara con el cipayismo, un término de origen persa, pero que no define el diccionario de la Real Academia de la Lengua (RAE), aunque se haya empleado infinidad de veces en nuestra región, especialmente, en los últimos 50 años.

Pero la RAE define la palabra ‘cipayo’ como “soldado indio de los siglos XVIII y XIX al servicio de Francia, Portugal y Gran Bretaña” y a su despectivo como a un “secuaz a sueldo”.

“Se denominaron cipayos a los soldados indios puestos al servicio de las metrópolis coloniales y en contra de sus propios pueblos”, explica en un ensayo sobre el tema Julio César Carrión Castro, director del Centro Cultural de la Universidad del Tolima.

El término ‘cipayismo’ se hizo después extensivo “a los gobiernos entreguistas y subordinados a una potencia extranjera” y expresa una “actitud de subalterno, característica de las oligarquías latinoamericanas desde la Colonia, llegando a constituir el verdadero comportamiento de los ‘perfectos idiotas útiles’ al servicio de los intereses imperiales”, sostiene.

Así se define hoy

En la actualidad, el malinchismo y el cipayismo están presentes en el cotidiano de la sociedad latinoamericana. Se expresan, por ejemplo, cuando se prefieren las marcas extranjeras a las nacionales a la hora de comprar ropa, bebidas, comidas, música, electrodomésticos y otros o cuando se utilizan palabras en otro idioma, casi siempre en inglés, para referirse a objetos o a actividades como mouse, por ratón; like, por me gusta; online, por en línea, etc., etc., etc.

El cipayismo o malinchismo también existen en la marcada preferencia por lo que viene de fuera a la hora de valorar la belleza o a alguien para un cargo. El extranjero o lo extranjero casi siempre pesa más. También para señalar la sumisión de los gobiernos de turno a los intereses de Estados Unidos o de otra potencia, según el sociólogo Daniel Ángel.

En el pasado era una garantía de éxito social en América Latina ser rubio, de ojos azules y hablar medio trabado el español, por ejemplo, pero hoy, aunque la fiebre ha bajado, sigue siendo alta en algunos países de la región.

La intensidad del cipayismo también sobrevive en las nuevas generaciones. Si no se hace una maestría en una universidad extranjera, por ejemplo, para algunos es como si no se hubiera hecho, pues el peso laboral de haber realizado estudios en el exterior no es igual de los que se hacen en Colombia, aunque aquí existan universidades de muy alto nivel educativo, como la Nacional, los Andes, la Javeriana, el Externado y muchas otras, que son reconocidas regional y mundialmente.

No solo la Malinche

Pero, por desgracia, la traición a lo nacional y el colaboracionismo con el poder imperante durante la conquista española no fueron solo de la Malinche.

“También lo fue la sumisión de Atahualpa, el último soberano inca, al conquistador español Francisco Pizarro, que lideró la conquista de Perú a principios del siglo XVI, por el apoyo que recibió del segundo para vencer a su hermano Huáscar y su posterior ejecución por órdenes del conquistador”, dice Carrión Castro.

Menciona que se debió a la gestión de los cipayos “la incondicionalidad de una desacreditada casta que contribuyó al decaimiento de la cultura inca y la derrota de muchos otros caudillos de la gesta emancipadora”.

En Colombia, la insurrección de los comuneros de 1871 y el llamado grito de la independencia de 1810 tampoco se salvaron del cipayismo, afirma.

Sostiene que la primera, que se inició como un movimiento de apoyo a la Corona: ¡Viva el rey y abajo el mal gobierno! Y que debía convertirse en una revolución de masas bajo el mando de José Antonio Galán, sucumbió con el acuerdos de gobernabilidad firmados en Zipaquirá por hacendados, clérigos y comerciantes, que temían romper con el poder colonial y perder las ventajas que recibían.

“El mismo grito de ‘independencia’ del 20 de julio de 1810, que tanto nos enorgullece, llevaba inicialmente implícita la subordinación a la Corona española; no se trataba de un auténtico movimiento autónomo, ya que los comerciantes y letrados criollos que lo acaudillaron solicitaban ‘respetuosamente’ a las autoridades coloniales de la metrópoli una mayor participación política”, recuerda.

Asegura que se podría hacer una amplia reseña sobre el entreguismo y la bajeza que ha caracterizado históricamente a la oligarquía de América Latina y, particularmente a la colombiana, pero que su trabajo tiene como objetivo ayudar “a develar las intenciones que se ocultan en el comportamiento de los dirigentes políticos y gremiales, quienes, de manera cipayuna, han cohonestado siempre con el Gobierno de Estados Unidos en su permanente política de desestabilización de gobiernos legítimamente constituidos” en la región, mientras apoyan a sangrientas dictaduras militares, que siempre han funcionado a su servicio, desconociendo el derecho y la soberanía nacional.

Podría empeorar

Pero, los avances de la globalización y de los adelantos de la ciencia y la tecnología podrían empeorar aún más el existente cipayismo a nivel social e idiomático, entre otras cosas.

Las personas viajan por la aldea global y sustituyen expresiones cotidianas muy nuestras, como “regresar o volver a la casa”, por “regresar o volver a casa”, haciendo desaparecer el artículo, como lo hacen en España, por ejemplo.

La globalización también benefició al inglés y lo convirtió casi en una lengua universal. No es extraño que hoy empleemos en América Latina expresiones como tablet, influencer o link, entre muchas otras, en lugar de tableta, influyente o enlace.
La globalización también está ocasionando la desaparición de lenguas menores, lo que se ha denunciado como una pérdida similar a la desaparición de especies vivas, animales o vegetales.

Frente a la globalización y el avance imparable de la tecnología, la RAE ha validado algunos anglicismos como clic, clicar, cliquear y cliqueo: del verbo inglés click o la acción de hacer clic con el ratón del computador.

También la palabra cracker, que identifica al pirata informático, y hacker, al experto que trabaja en mejorar la seguridad de sistemas informáticos ante los posibles ataques de crackers. Las dos palabras las mantuvo en su grafía original en inglés pero aclaró que deben utilizarse entre comillas o en cursiva.

Lo mismo pasó con picnic, que la define “excursión que se hace para comer o merendar sentados en el campo”. Igualmente incorporó al diccionario de nuestra lengua la palabra tuit, del inglés tweet, que se refiere a las publicaciones de la famosa red social Twitter y la palabra güisqui, que identifica a la bebida alcohólica de alta graduación y que se deriva del inglés whisky o whiskey (irlandés), entre muchas otras palabras.

Lo importante, más que reaccionar xenofóbica, ciega e irracionalmente en contra del cipayismo, lo que debemos hacer, según Bibliowicz, es “revaluar el concepto y aprovechar la globalización y los avances de la tecnología en nuestro beneficio”. Pero, Daniel Ángel precisa que “con lo único con lo que, definitivamente, no podemos continuar conviviendo es con el cipayismo político y económico frente a los países más desarrollados, que lo que buscan hoy es fortalecerse y sobrevivir, a precios devastadores e irrisorios, con nuestras riquezas y recursos naturales”.

GLORIA HELENA REY
Para EL TIEMPO

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