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Esclavitud moderna en 2020 – Internacional

Written by on June 28, 2020



Aunque la esclavitud se abolió en el siglo XIX, sigue desfigurando el mundo. En lo que llevamos del XXI se han hecho infinidad de descubrimientos y logrado avances científicos significativos, pero no se ha extirpado este basilisco que se multiplica y arrastra como la peor, más venenosa y fulminante de las víboras.

Más de 40 millones de personas en el mundo viven hoy bajo la feroz dictadura de la esclavitud moderna. Son degradadas, sometidas, maltratadas e irrespetadas en todos sus derechos, según el más reciente informe mundial sobre esclavitud.
La cifra se duplicó en menos de dos décadas… o solo hasta ahora se conoce la dimensión aproximada de esta gran infamia, según expertos.

En el siglo de la tecnología y las comunicaciones a distancia, “hombres, mujeres y niños son víctimas de la esclavitud moderna”, que se identifica con el trabajo forzado, de servidumbre, la explotación sexual, la trata de personas y en otros infames métodos de comercio y explotación humana.

Se estima que de los más de 40 millones de esclavizados, unos 24,9 millones de personas están en trabajos forzados, 15,4 millones viven en un matrimonio forzado y que las mujeres y las niñas representan el 71 por ciento de las víctimas de este mercado de la infamia, que produce más dinero que el tráfico de drogas o de armas, según cálculos no oficiales.

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La Fundación Walk Free, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), que hicieron las estimativas globales de la esclavitud moderna, llegaron a la conclusión de que este es un delito que afecta actualmente a todo el mundo, incluso a las naciones más desarrolladas. África, Asia y el Pacifico figuran hoy a la cabeza de la esclavitud moderna, según el informe, pero ni los colombianos ni los demás habitantes del planeta nos hemos liberado de esta peste, aunque se abolió en nuestro país en 1851.

Datos aún incompletos

Aunque las estimativas del Informe Mundial sobre esclavitud son las más confiables, se reconoce que son muy conservadoras, que hay brechas significativas y que el tamaño de este cáncer podría ser mucho peor.

Medir la esclavitud moderna es una tarea difícil, sobre todo porque ninguna fuente única proporciona datos adecuados y confiables sobre todas sus formas de existencia, aseguran los expertos.

Al desarrollar las estimaciones globales, la Fundación Walk Free y la OIT adoptaron una metodología que combinaba la investigación de encuestas que involucraron entrevistas cara a cara con más de 71.000 personas en 53 idiomas locales con datos administrativos sobre víctimas de trata que habían sido asistidas por la OIM.

Todos los países están afectados por la trata, ya sea como país de origen, tránsito o destino de las víctimas. Los traficantes todavía siguen amenazando principalmente a mujeres y niñas

Una estimación del trabajo forzoso impuesta por las autoridades estatales se obtuvo de fuentes validadas y de una revisión sistemática de los comentarios de los órganos de control de la OIT con respecto a los Convenios de la organización sobre trabajo forzoso, según el informe.

Pero, aunque a nivel regional existe una gran confianza sobre los datos obtenidos, hay dudas sobre los recolectados en los estados árabes, por ejemplo, pues presentan lagunas realmente sustanciales en los datos disponibles. Tampoco se cubren todas las formas de esclavitud moderna como el tráfico de órganos, los de niños soldados o el matrimonio infantil, que podría constituir matrimonio forzado, que no se pudo medir adecuadamente. La herida, por lo tanto, es enorme, está abierta y sangra en todo el mundo.

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Relatos que desgarran

Hay historias aberrantes que relatan la tragedia de profesionales de distintas disciplinas, de niños robados, esclavizados y capturados con diferentes métodos de engaño o de profesionales atrapados por falsas ofertas de trabajo hechas en las redes sociales o de mujeres que son enjauladas y violadas para parir hijos que luego son vendidos.

EL TIEMPO averiguó sobre casos de colombianos que fueron sometidos a la esclavitud moderna y que retan a la misericordia humana y nos dejan el alma de rodillas. A Juan, por ejemplo, un ingeniero de 30 años, le ofrecieron ganar 200 euros diarios en España y no solo le quitaron sus documentos y pasaporte al llegar allí, sino que lo esclavizaron. Lo pusieron a cuidar ovejas, que se enfermaron y, cuando él se contagió del mismo mal, lo trataron con la misma medicina que a los animales y lo dejaron ciego.

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Paula, de 40 años, separada, madre de dos hijos, tras perseguir la quimera de un buen trabajo, fue explotada sexualmente y prostituida, después de conocer a Jorge por internet y viajar a Centroamérica y casarse.

La Fundación Esperanza, una organización no gubernamental colombiana que combate el tráfico de personas, nos contó sobre una secretaria colombiana, que conoció por internet a un austriaco y se casó con él. Desde que llegó a Viena, el tipo la enjauló, la violó y ella nunca supo a dónde fueron a parar los tres hijos que parió durante esa prolongada pesadilla.

A Juan, por ejemplo, un ingeniero de 30 años, le ofrecieron ganar 200 euros diarios en España y no solo le quitaron sus documentos y pasaporte al llegar allí, sino que lo esclavizaron

La fundación define la trata de personas como “una forma de vulneración de los derechos humanos en la que se degrada al ser humano a la condición de un objeto, que se negocia en cadenas mercantiles, se traslada dentro o fuera de un país y luego, en el destino final, es sometido a condiciones de explotación”.

Vergüenza

Para nuestra vergüenza, el Informe Mundial sobre esclavitud moderna denuncia, precisamente, que en la actualidad, seres humanos son comprados y vendidos en mercados públicos, “obligados a casarse en contra de su voluntad y proporcionar mano de obra gratis bajo el disfraz de un matrimonio”, entre otras cosas.

También, que los obligan a trabajar en fábricas clandestinas con la promesa de un salario que a menudo se retiene, o en barcos de pesca donde hombres y niños laboran bajo amenazas de violencia y que Indonesia es el principal centro de este tipo tráfico humano.

Igualmente, también se afirma que, en otros casos, seres humanos son obligados a trabajar en obras de construcción, en tiendas, granjas o en casas como sirvientes y que la mano de obra que obtienen los mercaderes de la vida por la fuerza, la intimidación, el maltrato, la coerción o la tortura nos llega a nuestra mesa en forma de algunos alimentos, en la ropa que usamos o en las pelotas que pateamos ingenuamente con alguno de los hijos.

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“Los minerales que hombres, mujeres y niños extraen de las minas con su trabajo esclavo, también nos llegan en forma de cosméticos, productos electrónicos y automóviles”, dice el informe.

Todo ese dolor y servidumbre humana no solo nos debe sorprender sino indignarnos y alertarnos. La esclavitud moderna no distingue sexo, razas, edad, estatus, lengua o religión y nos obliga a todos a reaccionar, a constatar cada anuncio que consultemos en las redes sobre oportunidades de trabajo y nos compromete a todos a denunciar las anormalidades que encontremos.

Puede ser cualquiera

António Guterres, secretario general de Naciones Unidas, reiteró recientemente, en el marco del Día Mundial contra la Trata de Personas, que se celebra el próximo 30 de julio, el compromiso del organismo que preside de “impedir que los delincuentes exploten a las personas para obtener beneficios y en ayudar a las víctimas a reconstruir sus vidas”.

El organismo admite que cada vez son más los países en donde se detectan y denuncian a los traficantes de las mafias que comercian con personas, lo que conlleva a un aumento progresivo de las cifras que existen al respecto.

“Todos los países están afectados por la trata, ya sea como país de origen, tránsito o destino de las víctimas. Los traficantes todavía siguen amenazando principalmente a mujeres y niñas”, dice la ONU en un documento.

Para algunos, la trata de personas englobaría todas las formas de explotación humana.

Para la ONU, las mujeres son las grandes víctimas de la trata con fines de explotación sexual y representan el 35 por ciento. También, que el tráfico de seres humanos se agrava en los países en conflicto, pues “los grupos armados sobreexplotan a los civiles, y los traficantes aprovechan esta situación y captan forzadamente a los desplazados”.

-GLORIA HELENA REY
Especial para EL TIEMPO



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