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Elecciones en Chile: el país elige hoy su nuevo presidente – Latinoamérica – Internacional

Written by on November 21, 2021


Unos 15 millones de chilenos están citados hoy a las urnas de su país para elegir al nuevo presidente –que asumirá el cargo en marzo– y para renovar buena parte del Senado y toda la Cámara de Diputados.

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Analistas consultados por EL TIEMPO explican que estos comicios tienen una “trascendencia única” porque llegan después del estallido social de 2019 y después de constituida la Convención Constituyente que busca renovar la carta magna de Chile.

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El descontento social de las protestas de hace dos años convirtió al país en un remolino de inestabilidad política que derivó en un proceso plebiscitario que acordó sepultar la Constitución que rige desde la dictadura de Augusto Pinochet. Además, la crisis sanitaria y económica son otros de los ingredientes que se suman a la larga lista de desafíos por manejar.

Chile, en otras palabras, transita por un rediseño institucional y el próximo presidente tendrá la importante tarea de dirigir al país para traer calma a una nación que por décadas ha sido ejemplo de estabilidad y crecimiento en la región.

Gabriel Boric

El candidato por el Frente Amplio, Gabriel Boric, participa en un debate presidencial en la Casa Central de la Universidad de Chile, el 1 de noviembre de 2021 en Santiago (Chile).

Foto:

EFE/ Alberto Valdes

“Hay mucho en juego. A la luz de los antecedentes, y como camino de rediseño institucional al que se está adaptando el país, hay mucha expectativa. Sin certezas, por ejemplo, sobre cómo el próximo gobierno va a interactuar y a alinearse con la Convención Constituyente”, explica a este diario Matías Bargsted, profesor del Instituto de Sociología de la Pontificia Universidad Católica de Chile.

El país debe decidir, además, qué camino económico seguir en pleno proceso de recuperación de la crisis provocada por la pandemia, que llevará a crecer en el orden del 11 por ciento en 2021, pero con una inflación que dobla la proyección oficial del Banco Central (6 por ciento) y una deuda pública en niveles del 33,1, sustentada en las ingentes ayudas estatales entregadas para hacer frente a la crisis sanitaria.

El escenario para quien gane la presidencia no se proyecta nada fácil. Tras la “fiesta del consumo” de este año, apuntalada también por los tres retiros extraordinarios de fondos de pensiones aprobados hasta ahora por el Congreso, se estima que en 2022 el PIB chileno crecerá solo entre 1,5 por ciento y 2,5 por ciento.

La tensión y la polarización seguramente van a aumentar ya que Kast y Boric son aspirantes absolutamente antagónicos en términos de valores y propuestas

“Los principales retos (del próximo presidente) son la conciliación entre las demandas populares por cambios socioeconómicos significativos y la necesidad de mantener el ambiente de negocios favorable para la inversión.

Esto es un desafío crucial ya que, por un lado, la persistencia de altos niveles de descontento social no va a permitir que el país se estabilice y, por otro lado, cambios radicales en el modelo de desarrollo chileno pueden comprometer inversiones extranjeras”, comenta a EL TIEMPO Leandro Lima, analista de Control Risk para asuntos del Cono Sur.

(Lea también: ¿Quiénes son los candidatos a la presidencia de Chile y qué proponen?)

El próximo mandatario, por lo tanto, deberá sortear estos retos estructurales. Otro desafío que se avizora tiene que ver con los candidatos que hoy están en contienda.
Llegan como favoritos representantes de los dos polos políticos más antagónicos.

Por un lado, el diputado del Frente Amplio (en alianza con el Partido Comunista) de izquierda Gabriel Boric (con el 24 % de la intención de voto), el aspirante más joven en la historia, con 35 años, a quienes sus detractores lo acusan de estar en el extremo de su espectro ideológico y de carecer de experiencia.

Del otro lado, el abogado y político de derecha José Antonio Kast (23 %, según encuestas), de 55 años y del Partido Republicano, también señalado de estar en el extremo y cuyo pinochetismo asumido han marcado la carrera electoral en una sociedad cada vez más sensible con este periodo de su historia. Sus cercanías con el trumpismo y el bolsonarismo también le han valido estas críticas.

Polarización extrema

Estas visiones radicalmente opuestas han acentuado una campaña de por sí ya polarizada por culpa del escándalo de los papeles de Pandora que salpicó al actual presidente, Sebastián Piñera.

“La tensión y la polarización seguramente van a aumentar ya que Kast y Boric son aspirantes absolutamente antagónicos en términos de valores y propuestas. Mientras Kast apela a un electorado cansado de las inestabilidades que predominan desde el estallido social, Boric intenta personificar las demandas del estallido por cambios socioeconómicos. Esta polarización refleja la división de la ciudadanía y el comportamiento de los electores de centro aún es incierto”, agrega Lima.

Jose Antonio Kast

Fotografía de archivo que muestra al candidato presidencial José Antonio Kast durante un debate organizado por la Asociación de Radiodifusores de Chile (Archi), en Santiago (Chile).

Foto:

EFE/CHRISTIAN IGLESIAS /ARCHIVO

Básicamente, Boric propone un modelo de desarrollo de país distinto. Kast, restituir el “orden y la seguridad”. Desde 2012, cuando Chile instauró el voto voluntario, la participación electoral ha sido baja. Por esta razón, analistas estiman que habrá segunda vuelta el 19 de diciembre. Las alianzas podrían beneficiar a Boric. Sin embargo, su juventud e inexperiencia podrían dar un empujón a Kast.

Una parte importante de los 19 millones de habitantes apoya desde 2019 el reclamo por un Estado presente en temas sociales, mejor acceso a la educación y salud pública, y cambiar el sistema de pensiones en manos de fondos privados. Pero las expresiones más violentas, con vandalismo en las protestas y discursos de extrema izquierda, auparon el auge de la derecha.

Si aparece un gobierno de derecha, y de bastante derecha como sería Kast, habría una relación mucho más tensa y conflictiva con la Convención Constituyente

Pero en un escenario sin encuestas sólidas, también pesan las candidaturas del aspirante de la coalición de derecha en el Gobierno, Sebastián Sichel (44), y la única mujer, senadora y exministra de Michelle Bachelet, la democristiana Yasna Provoste (51). Los otros son: Eduardo Artiés, Marco Enriquez-Ominami y Franco Parisi.

(En contexto: ¿Qué viene para Piñera tras rechazo de su destitución en Chile?)

Transición institucional

Uno de los grandes interrogantes es cómo el próximo mandatario se relacionará con la Convención Constituyente que trabaja en la próxima carta magna. El presidente que gane las elecciones está llamado a hacer la transición entre dos regímenes constitucionales, tarea que puede marcar la identidad de su gobierno al punto de hacerlo meramente provisional, condicionar su programa e incluso arriesgar la estabilidad del país. Si la nueva Constitución modifica la forma de gobierno, pasando del actual régimen presidencial a uno semipresidencialista, por ejemplo, o suprime alguna de las Cámaras del Congreso, la labor del próximo mandatario puede ser transitoria y verse obligado a llamar a las urnas en cuanto se apruebe la nueva carta.

Aun si el sistema político de Chile o sus instituciones no sufren cambios, la nueva Constitución condicionará el periodo de gobierno del presidente, que comenzará con las normas actuales, pero tendrá que implementar las nuevas y hacer la transición hacia el modelo de país que el nuevo texto fundamental consagre.

“La presuposición es que un gobierno de centroizquierda y de izquierda pueden tener una ideología más cercana con la Convención Constituyente, que está dominada por fuerzas de izquierda. Y por ahí podría haber mayores confluencias entre grupos (Boric). En cambio, si aparece un gobierno de derecha, y de bastante derecha como sería Kast, habría una relación mucho más tensa y conflictiva”, apunta el académico Bargsted.

Frente a este complejo y polarizado panorama, los chilenos están convocados hoy a votar con mucha cautela no solo para darle solidez al nuevo engranaje institucional, sino para no revivir viejos fantasmas que no están del todo sepultados en 31 años de democracia.

CARLOS JOSÉ REYES GARCÍA
REDACCIÓN INTERNACIONAL
EL TIEMPO
*Con Efe y AFP

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