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El BCE deja los tipos sin cambios, pero eleva sus perspectivas de inflación por la crisis energética

Written by on March 19, 2026

El barril de petróleo se ha convertido en el artefacto explosivo que ha hecho saltar por los aires todas las previsiones económicas de 2026. Y mientras su escalada pone patas arriba los mercados energéticos y financieros, el Banco Central Europeo reclama tiempo: la entidad ha dejado este jueves sin cambios los tipos de interés por sexta vez consecutiva, a la espera de contar con más datos sobre el impacto del conflicto. “La guerra en Oriente Próximo ha creado riesgos al alza para la inflación y a la baja para el crecimiento económico, que hacen que las perspectivas sean mucho más inciertas”, reconoce en un comunicado.

Las perspectivas de inflación de los analistas de Fráncfort ya recogen los efectos de la guerra: pasan del 1,9% al 2,6% para 2026, aunque siguen ancladas a medio y largo plazo, con un promedio del 2% para 2027 —justo en el objetivo—, y del 2,1% en 2028, lo que supone que por ahora no contemplan un escenario de enquistamiento de la inflación, si bien la situación es cambiante y la visibilidad escasa.

En cuanto al crecimiento, las malas noticias continúan, aunque sin un desplome de la economía a la vista: esperan que el PIB de la zona euro repunte un 0,9% en 2026 (tres décimas menos); para 2027 calculan un 1,3% (una décima menos); y para 2028 lo dejan intacto en el 1,4%. En total, la guerra devoraría cuatro décimas de PIB. Del lado contrario de la cuerda tiran el bajo nivel de desempleo, la solidez de los balances del sector privado y el gasto público en defensa e infraestructuras, elementos, todos ellos, que el BCE considera que deberían seguir respaldando el crecimiento.

En el mercado de divisas, el euro reaccionó con subidas frente al dólar, una señal de que los inversores empiezan a otorgar más posibilidades a las subidas de tipos por parte del BCE.

El factor tiempo, como era de prever, marca el relato de cómo de profundo será el golpe económico de la guerra. “Sus implicaciones a medio plazo dependerán tanto de la intensidad y la duración del conflicto, como del modo en que los precios de la energía afecten a los precios de consumo y a la economía”, ha recalcado el BCE, que de manera excepcional ha ampliado hasta el 11 de marzo el perímetro de la información recogida para elaborar sus proyecciones, con el objetivo de que aparezca reflejado el shock energético.

Las números que baraja, por tanto, son una foto desde el momento actual, pero las posibilidades de que vayan a peor son altas si no hay avances hacia la paz. “El análisis de escenarios sugiere que una interrupción prolongada en el suministro de petróleo y gas resultaría en una inflación superior y un crecimiento inferior a las proyecciones base”, advierte.

El repunte simultáneo del crudo y el gas natural por el bloqueo del estrecho de Ormuz y la destrucción de infraestructuras energéticas supone un nuevo examen para Lagarde y los suyos. Un test que llega cuando todavía no se ha borrado el recuerdo de lo sucedido en 2022. En aquel entonces, el diagnóstico de una inflación transitoria fue erróneo, lo que propició una reacción tardía. Ahora, el dilema regresa, de nuevo de la mano de una campaña militar: ¿temporal o persistente? En la respuesta está parte de la solución. Pero el acertijo es endiablado: nadie, salvo tal vez el inquilino de la Casa Blanca y algunos de sus más cercanos colaboradores, sabe cuánto durará la guerra. Quizá tampoco ellos.

Ni siquiera un final repentino es garantía de normalidad: existen incertidumbres sobre cuánto se tardaría en retomar la producción energética si EE UU e Israel dan por finalizado el ataque, y hasta qué punto Irán permitirá el paso seguro de crudo y gas en la posguerra si el régimen sobrevive. Esa falta de visibilidad empujará al BCE a centrarse en los datos, pero le obliga a ser paciente. Dentro de seis semanas, cuando vuelva a reunirse, sí contará con un arsenal actualizado de números de inflación, empleo y crecimiento que desplegar.

Mientras tanto, el encarecimiento de la energía ya golpea el bolsillo de los ciudadanos al llenar el depósito o poner una lavadora, daña los márgenes de la industria más intensiva en energía, eleva los costes de transporte, y puede acabar reduciendo los márgenes empresariales si el consumo se ve afectado. Esa capacidad de las cotizaciones de la energía de filtrarse masivamente a la economía real preocupa. Cualquier producto, de los alimentos a la tecnología, es susceptible de…

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Fuente editorial adaptada por BeOne Radio Canada.

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