De Roberto a León: el amigo peruano que retrata al Papa desde la intimidad de 35 años de amistad
Written by Rossana Marquez on March 1, 2026
Cada día, León XIV recibe diariamente alrededor de cien kilos de correspondencia. Cartas, paquetes y postales de todas partes. Desde que se colocó el solideo blanco y el anillo del Pescador, el Papa no solo debe responder por las expectativas que despierta su misión en un mundo al filo de la guerra, sino responder en el sentido más literal del término.
Armando Jesús Lovera Vásquez temía que “su amigo del alma” no le contestara más los mensajes y que perdieran esa cotidianidad que atesoran desde inicios de los noventa, cuando Robert Prevost era un sacerdote cuarentón que pasaba desapercibido por las calles de Trujillo —una ciudad señorial al norte de Lima— y él uno de los miembros de la casa de formación de la Orden de los Agustinos.
Pero Roberto —como lo llamaba la comunidad al no hallar ninguna dificultad en castellanizar su nombre— no se ha permitido dejarlo en visto. Le contestó el WhatsApp el mismo día en que salió por el balcón de la Basílica de San Pedro. Le contestó poco después cuando Lovera le pidió permiso para escribir un libro sobre él. Y le sigue contestando con la familiaridad de aquellos que se conocen cuando todavía estaban bastante lejos de ser quienes ahora son.
Lovera, quien vive en Valladolid, le escribe varias veces por semana. Antes de que los cardenales lo eligieran papa, lo llamaba casi todos los días luego de salir del trabajo. Y décadas atrás, cuando Prevost regresó a los Estados Unidos y él optó por estudiar la Biblia en lugar de continuar el camino del sacerdocio, se comunicaban por correo electrónico.
Lovera está acostumbrándose a decirle santo padre, aunque la última vez que lo visitó en El Vaticano fue el propio León XIV quien le pidió que lo tratara de Roberto, sin solemnidades. Corría mediados de octubre y había ido a entregarle De Roberto a León (Editorial Mensajero), su ópera prima, acaso el más íntimo de los libros que se han escrito sobre el Papa. “Te vas a hacer famoso”, le dijo, con una sonrisa. En mayo le había dado su venia con un mensaje conciso: “Eres mi amigo. Confío en ti”.
De aquella década en la que convivieron en la casa de formación de los Agustinos, en la urbanización Santa María, en Trujillo, el libro destaca las redes de solidaridad que organizaron para “acompañar y ayudar a la población más golpeada por el fujishock, el brutal ajuste económico del presidente Alberto Fujimori que, de un día para otro, disparó los precios, destruyó los salarios y dejó a millones sin recursos para sobrevivir”. Prevost y los otros formadores invitaban a los aspirantes agustinos a intentar percibir la presencia de Dios en esa realidad donde la población vivía entre dos fuegos y peligraba la democracia y el respeto a los derechos humanos.
Además de fundar comedores populares en las zonas más humildes, dictar cátedra en el Seminario San Carlos y San Marcelo, y desempeñarse como vicario judicial de Trujillo —aquel que resuelve las nulidades matrimoniales—, Prevost tuvo una faceta activista que no suele comentarse con tanto detalle. Impulsó la recolección de firmas para la creación de la Comisión de la Verdad y Reconciliación, se opuso a la Ley de Amnistía de 1995 que blindaba a los militares que cometieron delitos en el ámbito de la lucha antisubversiva y apoyó la creación de expresiones artísticas de los Agustinos para concientizar a la gente.
Una de ellas fue un grupo musical llamado Gloria evaporada en alusión a las cajas de cartón de leche de la marca Gloria en las que fueron devueltos los restos de un profesor y nueve estudiantes, asesinados por el grupo paramilitar Colina en 1992, sindicados de ser terroristas. Armando Lovera bautizó al grupo y además fue el guitarrista. “Cantábamos temas de protesta muy cercanos a la Teología de la Liberación, como la misa campesina nicaragüense. Hacíamos intervenciones en plazas y colegios. No faltaba quienes decían que defendíamos a los terroristas. Pero también había fieles militares que nos toleraban”, cuenta. Prevost marchaba con cada agustino que se sumara a la causa. Si hubiera sido una figura pública, seguramente habría sido terruqueado, acusado de terrorismo.
Lovera recuerda otros dos momentos que remecieron a la casa de los Agustinos: el asesinato con dinamita de la dirigente popular María Elena Moyano y la captura del líder de Sendero Luminoso, Abimael Guzmán en 1992. “Su cumpleaños es el 14 de septiembre y la…
Fuente editorial adaptada por BeOne Radio Canada.
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