Cuando la democracia ya no importa
Written by Rossana Marquez on February 17, 2026
A la democracia liberal parece que le ha pasado su cuarto de hora. Desde hace ya varios años vemos cómo retrocede alrededor del mundo. Según el proyecto V-Dem (varieties of democracy) en el año 2004 se había logrado que más de la mitad de la población del mundo viva en democracia. Veinte años más tarde, tres de cada cuatro personas han vuelto a vivir en autocracias. El campo de juego se encuentra inclinado. En aquel momento, 12 países habían sufrido episodios que amenazaban a la democracia, pero en la actualidad son casi cuatro veces más. Peor aún, en una investigación reciente que publicamos junto a Jennifer Cyr y Nic Cheeseman mostramos que, además, de cada diez democracias que han sufrido esos retrocesos en las últimas décadas, nueve no se han logrado recuperar a lo largo del tiempo.
El contrato democrático se ha debilitado. A nivel global observamos que los organismos multilaterales como las Naciones Unidas o la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, y las coaliciones globales que las sostienen, son cada vez más débiles, deslegitimadas y desfinanciadas. Particularmente paradójico es que Estados Unidos y sus aliados europeos, otrora principales impulsores de un orden global basado en la democracia liberal, hoy son los líderes de esta claudicación. La administración Trump se ha retirado de organismos como el Consejo de Derechos Humanos de la ONU y directamente cerró la agencia de desarrollo USAID; los europeos han reducido al mínimo los fondos destinados a estas agendas y van aumentando sus presupuestos de defensa y seguridad, y la agencia canadiense de desarrollo IDRC acaba de cerrar su área de democracia. La Red de Financiadores de Derechos Humanos estima una reducción para este año del 28% de financiamiento en esta área comparado con el 2023. Esto significa menos apoyo para la sociedad civil que hace litigio estratégico, para activistas defensores del medio ambiente, para periodistas que denuncian injusticias, para un reparto más justo de vacunas, y muchos más. Es preocupante que, por primera vez en mucho tiempo, ninguna de las principales potencias globales impulsa un orden global basado en democracia y derechos. Y si algún gobierno violenta sus principios, no hay llamadas urgentes, ni represalias, ni condenas. Recordemos lo que sucedió recientemente en Venezuela. La palabra democracia brilló por su ausencia.
Más doloroso aún es ver que el apoyo popular también ha mermado sustantivamente. Los gobiernos o movimientos que atacan a las democracias son cada vez más populares. Los que las sostienen son cada vez más débiles y se encuentran a la defensiva. Hablar de democracia hoy es hablar de un concepto desgastado, casi anacrónico, incapaz de despertar entusiasmo o movilizar mayorías. Se ha vuelto sinónimo de liviandad, presentándose inofensiva frente a las demandas sociales urgentes de trabajo, combate al narcotráfico, guerras comerciales, y los desastres naturales.
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Fuente editorial adaptada por BeOne Radio Canada.
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