Coronavirus: El problema de los movimientos antimascarillas para el mundo – Europa – Internacional

Written by on September 14, 2020




Miles de manifestantes en Berlín, París, Zúrich, Barcelona, algunas ciudades de Estados Unidos e incluso en Brasil salen a las calles, sin mascarillas y sin guardar la distancia social mínima, a protestar contra las medidas impuestas para controlar la pandemia causada por coronavirus.

Son los llamados movimientos antimascarillas o negacionistas del covid-19, que desde múltiples razonamientos, prejuicios o teorías del complot se enfrentan a las autoridades y desafían la lógica de las recomendaciones médicas porque simplemente creen que todo es fruto de una conspiración para restringirles sus derechos.

Las primeras manifestaciones de este tipo se presentaron en abril en algunas ciudades pequeñas de EE. UU. Respaldados por el discurso negacionista del presidente Donald Trump y por su afán de abrir la economía, salían, incluso armados, a exigir su derecho a la libre movilidad y al trabajo. En caravanas ruidosas recorrían las ciudades y llevaban gorras con la frase ‘Make America Great Again’, las mismas de la campaña de Trump a la presidencia.

Pero la más grande fue sin duda la que se dio a fines de agosto en Berlín, en la que unas 20.000 personas salieron a las calles e intentaron asaltar el Parlamento (Reichstag). El lugar, donde se reúnen los diputados alemanes en sesión plenaria, tiene una fuerte carga simbólica en Alemania. La sede y su célebre cúpula fueron incendiadas en 1933 por los nazis, en un acto destinado a poner de rodillas lo que quedaba de la democracia alemana de entreguerras.

Allí se reunió una muchedumbre variopinta integrada por militantes antivacunas, conspiranoicos, ciudadanos preocupados por las restricciones relacionadas con la pandemia, pero también, cada vez más, según las autoridades, simpatizantes de extrema derecha.

“Los símbolos nazis y otras banderas del Imperio no tienen cabida ante la Cámara de Diputados”, denunció el vicecanciller y ministro de Finanzas, Olaf Scholz. “Ver las banderas del Imperio ante el Parlamento es una vergüenza”, trinó el ministro de Relaciones Exteriores, Heiko Maas.

Entre los manifestantes interpelados ante la embajada de Rusia, donde también hubo disturbios, estaba una de las figuras del movimiento antimascarilla en Alemania, Attila Hildmann, que se ha dado a conocer como cocinero vegano y ahora miembro autoproclamado de la ultraderecha.

En los mismos días, en Londres, un millar de manifestantes, congregados en Trafalgar Square, pidieron el “fin de la tiranía médica”.

En París, 200 a 300 personas protestaron contra la obligatoriedad de la mascarilla. Sophie, una parisina de unos 50 años, acudió a manifestarse en “favor de la libertad de elegir”: “Soy una ciudadana que se opone a medidas liberticidas que no tienen ninguna justificación médica”, dijo.

Otro millar de personas se manifestaron en la ciudad helvética de Zúrich.
El promotor de la manifestación, Michael Ballweg, un empresario informático sin etiqueta política que encabeza el movimiento Pensadores no Conformistas-711, surgido en Stuttgart, describió el intento de prohibición de “ataque a la Constitución” alemana que defiende el derecho de expresión.

Sus partidarios protestan contra la “dictadura” de las medidas por el nuevo coronavirus, las cuales consideran un obstáculo para su libertad.

“La situación actual reúne los ingredientes perfectos para la expansión de rumores y bulos: grandes dosis de incertidumbre y un momento con información relevante”, explica Guillermo Fouce, doctor en Psicología y presidente de Psicología sin Fronteras.
Estas teorías, apunta, buscan dar respuestas “muy universales”.

Si alguien viene a resolverte las cosas de manera que no tengas que pensarlas mucho y que sean un atajo, aunque sea mentira, combates la incertidumbre y ya te sientes mejor

Apelan a las emociones más básicas como el miedo y son capaces de llegar “a personas distintas con características muy diferentes”. “Una de las peores cosas que llevamos los seres humanos es la incertidumbre (…). Si alguien viene a resolverte las cosas de manera que no tengas que pensarlas mucho y que sean un atajo, aunque sea mentira, combates la incertidumbre y ya te sientes mejor”.

Son discursos que guardan una estrecha relación con movimientos como los antivacunas, quienes han encontrado en la pandemia el momento idóneo para expandir sus ideales, transformando y adaptando sus mensajes.

Aunque sus teorías no son homogéneas, algunos seguidores aventuran que el virus fue inoculado a través de las vacunas de la gripe estacional. Creen que el uso de mascarillas causa hipoxia (pese a ser desmentido en reiteradas ocasiones por expertos en salud) y defienden que el dióxido de cloro sirve para tratar el coronavirus, si bien las compañías farmacéuticas se niegan a suministrarlo por ser más barato que otros medicamentos.

Además, seguidores de diferentes teorías como los Qanons, que creen que Donald Trump lucha por un “estado profundo” y el coronavirus es una excusa para que no salga reelegido en noviembre, o la New Age se retroalimentan y comparten postulados sobre la conspiración de la pandemia.

Todas estas creencias defienden que la crisis es una conspiración orquestada por una supuesta supraélite, encabezada por los empresarios Bill Gates y George Soros, que son los verdaderos regentes en secreto del mundo.

“Toda teoría de la conspiración tiene un responsable, a ser posible oculto, al que atribuirle todos los males del mundo”, subraya Fouce.

Ante el escepticismo que manifiestan hacia los medios de comunicación, los seguidores de estos postulados se organizan en redes sociales como Telegram. En España, el canal Noticias Rafapal, dedicado a alentar este tipo de ideas, acumula casi 50.000 suscriptores. El chat da voz a estudios sin base científica o declaraciones descontextualizadas que reafirman sus postulados.

Para el sociólogo Antonio Romero, las teorías anticovid plantean propuestas muy atractivas, porque convierten “comportamientos autoindulgentes e irresponsables” en “actos de resistencia frente al mal”.

“No es que no quieras soportar la incomodidad de tener que llevar mascarilla y respirar tu propia halitosis, es que estás luchando contra las Grandes Farmacéuticas, con mayúsculas, y el totalitarismo”, afirma.

A su juicio, es evidente que existen grupos de personas detrás que aprovechan “esas dinámicas sociales para conseguir réditos políticos, a través de la polarización y la movilización, o económicos”.

Muchos han visto en la pandemia una oportunidad de negocio. Aunque algunos intereses se aprecian a primera vista (en Telegram llegan a pedir donaciones para denunciar al Gobierno y algunas webs venden remedios para el 5G), otros están más soterrados y no tienen apariencia de lucro.

“Son contenidos llamativos, que generan tráfico e interacciones monetizables y son también una posible forma de adquirir notoriedad”, explica Romero.

Periodistas, escritores y aficionados se han lanzado a abrir canales de YouTube, escribir en blogs e incluso publicar novelas con el objetivo de canalizar sus mensajes hacia los sectores sociales más susceptibles y conseguir un rédito económico.

REDACCIÓN INTERNACIONAL



Source link


Current track

Title

Artist