Castigo de ‘sharía’: mujeres que flagelan a otras – Asia – Internacional

Written by on September 21, 2020




Cuerpo y rostro escondido, caña de mimbre en la mano, la mujer avanza, levanta el brazo y azota a la condenada arrodillada. Es la última recluta de una nueva brigada femenina encargada de flagelar a las mujeres en Aceh en virtud de la ‘sharía’ (ley islámica).

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Al principio, la ejecutora con túnica sobre pantalones marrones vaciló un poco antes de golpear. Tuvo que ser animada, pero encontró su ritmo. La condenada es una mujer soltera, detenida en una habitación de hotel con un hombre. Vestida de blanco, con la cabeza inclinada hacia abajo, no se mueve. Solo sus manos juntas tiemblan, signo del sufrimiento soportado. Zakwan, investigador en jefe de la policía religiosa –la Wilayatul Hisbah–, está satisfecho con su recluta. “Su técnica es buena”, dice. Aceh, en el extremo norte de Sumatra, es la única región de Indonesia que aplica la ley islámica, la ‘sharía’. Esta provincia muy conservadora goza de una relativa independencia desde un acuerdo concertado con Yakarta en 2005 para poner fin a un conflicto de varias décadas con los rebeldes independentistas.

A pesar de que el presidente de Indonesia, Joko Widodo, y las organizaciones de defensa de los derechos humanos piden el cese de la flagelación, esta sigue siendo la regla. En Aceh, donde el velo es obligatorio para las mujeres, se castiga el adulterio, las relaciones sexuales fuera del matrimonio o con una persona del mismo sexo. El consumo de alcohol y el juego están prohibidos. El cine también está prohibido para evitar comportamientos “no islámicos”. En caso de transgresión, son 10 golpes por un gesto de afecto en público, 40 por beber alcohol, más de cien en caso de una relación homosexual o con un menor. Hasta ahora, era habitual ver a los verdugos golpear a las mujeres en las gradas frente a multitudes ruidosas que toman fotografías y videos con sus teléfonos inteligentes.

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Sin piedad

En los últimos años aumentó el número de mujeres condenadas por delitos religiosos y Aceh decidió crear una brigada femenina de verdugos, como en Malasia. En la actualidad, ocho de ellas se dedican a la flagelación, al igual que una decena de hombres.

“Las entrenamos para estar seguros de que tienen la capacidad física y saben cómo infligir correctamente la flagelación”, explica Zakwan, y “tenemos que adoctrinarlas para que entiendan mejor su papel y no tengan piedad de las que violan las leyes de Dios”.

El año pasado, 43 hombres y 42 mujeres fueron condenados oficialmente a azotes por delitos religiosos únicamente en Aceh. Anteriormente, los castigos se dirigían principalmente al consumo de alcohol, al juego, y sobre todo a los hombres. Pero ahora se presta más atención a los gestos de afecto en público, al adulterio y las relaciones sexuales prematrimoniales, lo que significa que hay más mujeres.

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Las entrenamos para estar seguros de que tienen la capacidad física y saben cómo infligir correctamente la flagelación

La tendencia es al endurecimiento. Este verano, el Consejo de Ulemas de Aceh emitió una ‘fatwa’ (edicto religioso) en la que se prohibía el videojuego popular ‘PUBG’, puesto que insulta al islam. También están prohibidos los partidos de fútbol femeninos porque no hay estadio para las mujeres.

En Aceh, con más de 4 millones de habitantes, las distracciones para los jóvenes son escasas. Paseos por la ciudad o por las playas. Pero la Wilayatul Hisbah está en todas partes. Las patrullas de la policía religiosa recorren los espacios públicos, los restaurantes, los cafés, vigilan a la población día y noche y actúan sobre la base de denuncias. En escenas de patrullaje en camioneta, policías vestidos de caqui se acercan a una pareja sentada en la playa y se le reprende. En otros lugares, un grupo de hombres y mujeres, que se encontraban en una cafetería alrededor de las tres de la mañana, son detenidos bajo sospecha de haber violado la legislación sobre la separación entre hombres y mujeres solteros.

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Por su parte, Amnistía Internacional pide regularmente que se abandone la flagelación. “Golpear con una vara es un castigo inhumano y degradante que puede constituir un acto de tortura”, declaró su director ejecutivo, Usman Hamid. Sin embargo, esta práctica cuenta con el amplio apoyo de la población de Aceh, musulmana en un 98 por ciento. “Se necesitan castigos más severos, como la lapidación, no solo la flagelación en Aceh”, dice, por ejemplo, Saiful Tengkuh, un residente. La provincia de Aceh previó una vez la decapitación para los crímenes más graves. El Gobierno central vetó el proyecto.

Una práctica con diferentes evoluciones

Irán y el castigo para las mujeres homosexuales

El país de Oriente Medio tiene un código de regulación moral desde 1981 que introdujo la flagelación, la lapidación y el pago con sangre. Aunque la flagelación se aplica tanto a hombres como a mujeres, ellas son las más impactadas pues el código condena su vestimenta, conducta sexual y su libertad para compartir espacios con los hombres. Esta situación se hace más dramática para las mujeres lesbianas, para quienes la norma se torna mucho más violenta. “Las relaciones entre dos mujeres (mosaheqeh) representa cien latigazos por los primeros tres delitos, y la pena de muerte para el cuarto. La evidencia indica que se ha aplicado el castigo: la amenaza de ejecución es real para la comunidad LGBT vulnerable de Irán”, concluyó en 2010 un informe de Human Rights Watch. En 2007, el entonces presidente iraní Mahmud Ahmadineyad afirmó durante un evento en la Universidad de Columbia que en su país “no había homosexuales”. De acuerdo a la observación que hizo Human Rights Watch en territorio iraní, “para las lesbianas, en particular, el miedo al descubrimiento está bien fundado. El juicio social, así como el escrutinio oficial del comportamiento ‘desviado’ entre las mujeres no conformes con su rol de género, está muy extendido en Irán, y se ve exacerbado por el hecho de que las mujeres tienen menos libertad de movimiento que sus contrapartes masculinas”. Uno de los últimos casos de flagelación a mujeres en este país se conoció el pasado 21 de abril, cuando el Gobierno iraní condenó a prisión suspendida de tres meses y una flagelación de 10 latigazos a la activista cristiana de derechos humanos Mary Fatima Mohammadi.

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Sudán y el artículo revocado que permitía la flagelación

En este país africano regía la Ley Penal de 1991, un estricto régimen de orden público que permitía la imposición de castigos corporales como la flagelación. Uno de los artículos más cuestionados de este régimen era el 152, que castigaba con flagelación de hasta 40 latigazos a toda persona que cometiera públicamente “un acto indecente”. La policía del Orden Público tenía absoluta potestad para decidir qué era una conducta indecente, lo que para algunas organizaciones de derechos humanos se traducía en abusos generalizados hacia las mujeres, especialmente. Una de las características de la flagelación a mujeres en este país era que en la mayoría de los casos no se les permitía acceder a representación letrada y, a veces, ni siquiera ponerse en contacto con su familia. A esto se suma el hecho de que el artículo 145, que prohibía la zina o “adulterio” (aunque también tenía en cuenta las relaciones sexuales prematrimoniales), condenaba a las mujeres solteras acusadas a recibir cien latigazos, y a las casadas a la muerte por lapidación. En diciembre de 2019, el gobierno transitorio de Abdalla Hamdok aprobó la norma que revoca la Ley del Orden Público, por medio de la cual se vigila el comportamiento, la vestimenta y prácticas sociales de las mujeres en Sudán. “Es un gran paso adelante para los derechos de las mujeres en Sudán. Muchas mujeres fueron detenidas arbitrariamente, golpeadas y privadas de su derecho a la libertad de asociación y de expresión en virtud de esta legislación discriminatoria”, señaló entonces Seif Magango, director adjunto de Amnistía Internacional para África Oriental, el Cuerno de África y los Grandes Lagos.

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Arabia Saudita dio un paso atrás con los latigazos

Recientemente, el país musulmán anunció la abolición de la pena de flagelación. En el país, los jueces han gozado tradicionalmente de una amplia facultad de interpretación de la ley islámica o sharía y, hasta hace poco, imponían la pena por flagelación en caso de homicidio, ofensa al “orden público” y relaciones extraconyugales. La medida podía elevarse a sentencias de latigazos, pero desde el 25 de abril pasado será reemplazada por penas alternativas como cárcel o multas, o una combinación de las dos. La comisión estatal de derechos humanos de este país calificó la decisión como una muestra de los “avances en materia de derechos humanos” del reino a la cabeza del rey Salmán y su hijo, Mohamed bin Salmán, altamente criticado por su sistema penal. Sin embargo, el anuncio está todavía lejos de eliminar los abusos y la discriminación punitiva que persisten contra las mujeres en ese país. En 2018 fueron detenidas varias de las activistas que hicieron campaña contra la medida que prohibía a las mujeres conducir en Arabia Saudí. Muchas denunciaron haber sufrido abusos sexuales y torturas, según indicó Amnistía Internacional en su página web, donde impulsaba una “ciberacción” para lograr su liberación inmediata y el retiro de sus cargos a través de 53.832 firmas recolectadas online. Sobre las flagelaciones, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) había dicho en mayo de 2016 que esta es una práctica “prohibida por el derecho internacional de los derechos humanos, en particular por la Convención contra la Tortura”, según expresó Rupert Colville, portavoz del El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos.

HAERIL HALIM
AFP
Banda Aceh (Indonesia)



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