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Alerta en Brasil por amenazas de Jair Bolsonaro – Latinoamérica – Internacional

Written by on September 12, 2021



Brasil, el país más grande y poblado de América Latina y la séptima mayor economía del planeta, vive hoy en una especie de limbo democrático, pese a que el presidente Jair Bolsonaro retrocedió en sus amenazas y desafíos públicos contra el poder judicial, que fueron interpretados por la prensa como de “golpistas” y lanzados por el mandatario esta semana durante unas masivas protestas de sus seguidores.

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En lo que llamó una ‘declaración a la nación’, divulgada el jueves, Bolsonaro dijo que no tuvo “ninguna intención de agredir a los poderes” y atribuyó sus palabras “contundentes” al “calor del momento”.

“Nunca tuve la intención de agredir a ninguno de los poderes. La armonía entre ellos no depende de mí, sino de la Constitución, que todos deben respetar”, dijo.

“Después de ese comunicado quedó claro que Bolsonaro se arrepintió y que se dio cuenta de que con su actitud se estaba suicidando políticamente. Habrá que ver ahora cuánto tiempo le durará esa sensatez”, le dijo a EL TIEMPO el respetado analista brasileño Mario Osava.

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“Si, de hecho, Bolsonaro pretendía ejecutar un golpe, fracasó al reconocer que no tiene condiciones para hacerlo, pero seguirá en su misión de destruir muchos avances brasileños en política ambiental, derechos humanos, educación, etc. Aplazó su impeachment (destitución), si es que eso llega a ocurrir algún día”, añadió.

El 7 de septiembre, día en que se conmemora la independencia de Brasil, Bolsonaro amenazó y reiteró su ultimátum contra el Supremo Tribunal Federal (STF), la máxima instancia de la justicia de su país, para que expulse a los jueces Alexandre de Moraes y Luis Roberto Barroso, que lo investigan, y a quienes había criticado e incluso insultado en las últimas semanas.

De Moraes está detrás de las noticias falsas emitidas, supuestamente, por un llamado gabinete del odio, que operaría desde el Palacio de gobierno y sobre actos antidemocráticos (manifestaciones callejeras y mensajes en redes sociales) que incitan la violencia contra algunas instituciones, en especial contra el STF.

Por su parte, Barroso ha defendido como confiable el voto electrónico existente, que Bolsonaro condena, y emitido un fallo preliminar, que luego aprobó por unanimidad el STF, para que se inicie una investigación sobre el manejo dado a la pandemia del covid-19 por el gobierno de Bolsonaro, que ha dejado más de 585.000 muertos, el tercer mayor número de fallecimientos en el mundo, después de EE. UU. e India.

En las manifestaciones del pasado martes, Bolsonaro dijo también que no cumpliría con las decisiones judiciales, amenazó con cerrar el STF, llamó “farsa” al proceso electoral, sin el voto impreso, y afirmó que solo Dios lo sacaría de la presidencia de Brasil.

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He vivido seis situaciones de golpes en mi vida. (…) por observación supongo que hay ciertas condiciones indispensables para un golpe exitoso y no las veo en Brasil.

Por eso y otras inquietantes razones, el comunicado de Bolsonaro no tranquilizó a muchos brasileños, que lo interpretaron apenas como una jugada política para ganar tiempo de cara a su reelección en 2022 y que esperan que la oposición tome cartas más efectivas para defender y blindar la democracia ante eventuales y futuras amenazas golpistas.

Para muchos políticos y observadores, como el senador Jaques Wagner, después de lo sucedido el martes lo único que se puede esperar es la destitución de Bolsonaro. “Los actuales golpes de Estado son realizados dentro de la democracia, como sucedió (con los expresidentes) Dilma Rousseff y Luiz Inácio Lula da Silva. La repuesta, en consecuencia, recae sobre las instituciones y no hay una más efectiva en estos momentos que el impeachment”, le dijo Wagner a este diario desde Brasilia.

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No obstante, de momento, nadie garantiza en Brasil que se realizarán las elecciones presidenciales del 2022 y se critica a la oposición por limitarse a considerar a Bolsonaro como el adversario ideal de Lula para esos comicios.

Marcos Nobre, presidente del Centro Brasileño de Análisis y Planeación, Cebrap, y autor de Punto final: la guerra de Bolsonaro contra la democracia, considera que los demócratas brasileños necesitan llegar a un acuerdo urgente, pues el objetivo de Bolsonaro fue y siempre ha sido dar un golpe.

En su opinión, mientras el campo democrático está jugando a la golosa, Bolsonaro está armando un cuadrilátero, sin normas, para la pelea. “Nadie ve con claridad lo que sucederá en Brasil a partir de ahora, pero coincido con los que dicen que el golpe ya comenzó, especialmente porque el jueves las principales carreteras del país estaban cerradas, posiblemente, por camioneros, miembros del agronegocio que apoya a Bolsonaro y que piden, como él, la destitución de los dos jueces del STF”, señaló, por su parte, la periodista internacional brasileña Diana Brajterman.

Para Vladimir Safatle, profesor titular de la Universidad de São Paulo, las manifestaciones de esta semana marcaron “una ruptura al interior del gobierno Bolsonaro”.

“De hecho, acertó el que haya afirmado que su gobierno se acabó ese día. Eso significaría que ahora Bolsonaro puede abandonar la máscara de ‘gobierno’ y asumir abiertamente lo que siempre fue: un movimiento, una dinámica de ruptura que se sirvió de la estructura para ampliarse y ganar fuerza”, escribió Safatle en el diario El País.

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Bolsonaro, en su opinión, se colocó como “líder incontestable de una singular sublevación de su gobierno contra el Estado, afirmando que no reconoce la autoridad del STF y asumió frente al mundo que está en la ruta de coalición de lo que resta de la institucionalidad de la vida política brasileña”.

Por eso Safatle sostiene que no adelanta considerar ahora si las manifestaciones fueron o no del tamaño o con la violencia esperada, pues una insurrección “jamás ha necesitado de mayorías para imponer su voluntad”. Para eso solo se necesita de “una minoría sustantiva, aguerrida, unificada y potencialmente armada. Bolsonaro cuenta con esas cuatro condiciones, además del apoyo incontestable de las policías militares y de las fuerzas armadas”, agregó.

Sin embargo, para otros analistas, como Osava, de momento no hay condiciones para que se ejecute un golpe de Estado en Brasil.

“He vivido seis situaciones de golpes en mi vida, tres intentos y tres golpes exitosos. No soy ningún analista o teórico de esos procesos, pero por observación supongo que hay ciertas condiciones indispensables para un golpe exitoso y no las veo en Brasil”.

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En su opinión, para que se dé un golpe tienen que aparecer “la oportunidad y las condiciones: una situación política favorable, la disposición de los militares para correr riesgos y que la población esté preparada para un desenlace trágico”, advierte.

Osava recuerda que muchas veces “aparecen locos que arriesgan el cuello en condiciones adversas y que ese parece ser el caso de Bolsonaro. Pero, en estos momentos, las condiciones le son muy desfavorables y sería un suicidio político que se meta en una aventura de esas”.

Lo cierto es que las alarmas sobre un posible golpe de Estado en Brasil surgieron hace meses.

En un documento de la Internacional Progresista, una iniciativa global, firmado por 150 reconocidas figuras de 26 países, que incluyó nombres como los del pensador Noam Chomsky y el premio nobel de Paz Adolfo Pérez Esquivel, se alertó sobre “temores de un golpe de Estado en la tercera democracia más grande”.

Había y siguen existiendo múltiples razones para esas alertas: la excesiva y creciente presencia militar en altos y medios cargos del Gobierno, las constantes amenazas de Bolsonaro contra el STF y sus reiteradas afirmaciones de que no dejará la presidencia.

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A lo que el analista Safatle le agregó que Bolsonaro cuenta con la presidencia de la Cámara de Diputados, el apoyo de un cuarto del electorado, una maquinaria de desinformación y propaganda, y una base sólida en las fuerzas armadas y la policía.

GLORIA HELENA REY 
Especial para EL TIEMPO



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