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La guerra de Trump: la ofensiva en Irán empuja al presidente a una crisis interna en año electoral

Written by on March 8, 2026

El ambiente del Eebee’s, taberna de moda en Washington, no parecía el jueves por la noche, con su lista de espera de tres horas para una mesa, propio de una ciudad en guerra. Puede ser, obviamente, porque las bombas estén cayendo a 10.000 kilómetros de distancia. O porque Donald Trump haya logrado sumir a la ciudad en un narcótico estupor a base de someterla a su doctrina del shock diaria. O tal vez se deba a que, pese a sus promesas de no hacerlo, su presidente haya vuelto a embarcar a Estados Unidos en una aventura bélica incierta sin esforzarse en conquistar a la opinión pública, ni contar con el Congreso para declarar la guerra.

Una semana después de su inicio en la madrugada del 28 de febrero, Washington sigue también sin dar a los suyos una justificación clara para la Operación Furia Épica, lanzada contra Irán, a medias con Israel. En los primeros siete días, se han aducido 10 objetivos, entre ellos: forzar un cambio de régimen, desmantelar un Estado promotor del terrorismo, evitar que este interfiera en las elecciones estadounidenses, garantizar la paz en el mundo y en Oriente Próximo, acabar con un programa nuclear que en teoría se había “aniquilado”, inutilizar los misiles balísticos y la Armada iraní o adelantarse, como dijo el secretario de Estados Unidos, Marco Rubio, a un ataque inminente de Israel o, a tenor de lo dicho después por Trump, a un golpe de Teherán, también inminente, sobre el que resulta que el presidente tuvo un pálpito.

Es famosa la definición de Carl von Clausewitz de la guerra como el reino de la incertidumbre, ese espacio en el que la niebla dificulta el discernimiento de lo que está pasando. Esta vez, los estadounidenses tratan de abrirse paso en lo que el analista Robert Reich define como “la niebla de Trump”. Es tan espesa como para nublar también cualquier vaticinio sobre cuánto puede durar.

Al principio, el republicano habló de unos días. Después, en un carrusel de entrevistas telefónicas con medios influyentes de Washington a los que el resto del tiempo denigra, habló de cuatro semanas, que se convirtieron en cinco. Hace un par de días, Politico informó de una nota interna del Comando Central de Estados Unidos, que pide al Pentágono que envíe más oficiales de inteligencia militar a su sede en Tampa, en Florida, para apoyar las operaciones contra Irán durante al menos 100 días, o, “probablemente”, hasta septiembre. Y en ese escenario voluble, los analistas militares alertan de una posible carestía de ciertas municiones que Trump niega categóricamente.

Este ha asegurado, con un lenguaje más propio de su pasado de promotor inmobiliario, que la guerra va “muy por delante de lo previsto”. Se trata también de una obra con el coste disparado ―a razón de unos 1.000 millones diarios, según un cálculo del Centro de Estudios Estratégicos e es (CSIS son sus siglas en inglés)―, así como de una empresa de consecuencias imprevisibles: ya se deja sentir para los estadounidenses en la factura del gas y en el surtidor de gasolina y amenaza, de alargarse, con provocar una crisis económica.

El viernes, el presidente se dejó de plazos y dijo en su red social, Truth, que “no habrá acuerdo con Irán salvo rendición incondicional”. Al rato, la portavoz de la Casa Blanca ―que ha empleado la estética e incluso imágenes de videojuego (concretamente, de Call of Duty III) para vender la guerra en sus redes sociales― matizó a su jefe.

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Fuente editorial adaptada por BeOne Radio Canada.

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