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El trabajo comunitario se profesionaliza pero recibe poco reconocimiento

Written by on January 19, 2026

El trabajo comunitario se profesionaliza pero recibe poco reconocimiento

El trabajo de extensión comunitaria suele estar directamente asociado con redes comunitarias y organizaciones sin fines de lucro. A menudo se pasan por alto las competencias de quienes participan en este ámbito y sus perspectivas profesionales, según Isabelle Ruelland, profesora asociada de la Escuela de Trabajo Social de la Universidad de Quebec en Montreal (UQAM), quien explica que el trabajo de extensión comunitaria y su evolución están poco documentados.

Sin embargo, desde la pandemia de COVID-19, el trabajo de extensión comunitaria parece volverse más profesional.

Ruelland es un ex investigador de la red de servicios sociales y de salud de Quebec. Durante los últimos cuatro años ha dedicado su investigación a diversas iniciativas ciudadanas y comunitarias y su impacto.

La profesora y su equipo buscaron documentar las diversas iniciativas ciudadanas que surgieron de la preocupación por los demás, el deseo de ayuda mutua entre vecinos y la forma en que se desarrolló esta dinámica de solidaridad local.

“Lo que vimos durante la pandemia y la pospandemia fue un deseo por parte de las redes de servicios sociales y de salud pública de integrar, institucionalizar e inspirarse en estas iniciativas para convertirlas en prácticas más sostenibles en términos de reorganización de los servicios comunitarios locales”, explica Ruelland, contextualizando los orígenes de su estudio.

En Quebec surgieron numerosas iniciativas ciudadanas durante la pandemia. Según las observaciones de Ruelland, estas iniciativas se desarrollaron para compensar la falta de servicios y acceso a recursos, ya sea información, alfabetización o atención médica.

En algunos países del sur y estados de bienestar frágiles, Ruelland ha notado que es común que los actores comunitarios sean elegidos para convertirse en trabajadores de salud comunitarios que puedan transmitir mensajes de salud pública y crear conciencia entre las poblaciones sobre los servicios y recursos que existen en la comunidad.

“En los países del Norte, ya sea en el norte de Europa o en Quebec en particular, estos actores que participan en sus comunidades y que pueden transmitir mensajes de salud pública nunca han sido realmente movilizados fuera de los entornos comunitarios, asociativos y sin fines de lucro”, señala Ruelland.

En su investigación, Ruelland define el trabajo ciudadano como “la integración de personas no profesionales que tienen conocimiento experiencial de su comunidad, pero también conocimiento territorial, que se aprovecha en interacciones que a menudo implican visitas puerta a puerta o una presencia benévola en lugares públicos (…) para llegar a las personas y compartir con ellas los recursos y palancas que existen para hacer valer sus derechos a la atención sanitaria local”.

Desde la pandemia, el papel de estos trabajadores comunitarios ha cambiado significativamente. Se están haciendo esfuerzos para que sus empleos sean más permanentes y estamos viendo una mayor profesionalización, lo que está cambiando la forma en que operan las redes de servicios sociales y de salud pública.

“Se les dice que ahora necesitan movilizar a los ciudadanos y llegar a aquellos que desempeñan un papel importante en la comunidad. Ahora, los convertirán en sus colegas que trabajarán con ustedes a diario y tendrán un papel específico, contractual y muy espontáneo”, explica Ruelland.

Esta profesionalización es práctica en un contexto de crisis, según Ruelland. Sin embargo, requerirá una mayor adaptación y reconocimiento para continuar y prepararse para nuevas crisis, ya sean climáticas o de salud.

“Quedan muchas preguntas por plantear, en particular en lo que respecta al respeto de la dignidad de estos ciudadanos y de sus condiciones de trabajo y empleo”, afirma Ruelland. “Necesitamos pensar a largo plazo en su lugar en la organización de los servicios públicos locales”.

Una reflexión internacional

El verano pasado se celebró en la UQAM un foro de debate organizado por Ruelland y su equipo para debatir el lugar del trabajo ciudadano en la sociedad. Asistieron investigadores de Quebec, Francia, Bélgica y Brasil. También participaron algunos actores comunitarios y gestores de redes de servicios sociales y de salud.

El foro brindó la oportunidad de poner en común diferentes proyectos de investigación y compartir experiencias sobre la evolución de las redes locales de solidaridad y los avances del trabajo ciudadano comunitario.

“Reflexionamos juntos sobre la importancia de considerar estas prácticas desde una perspectiva profesional y de desarrollo”, dijo Ruelland. “Esto es para que estas personas puedan encontrar un lugar en profesiones basadas en las relaciones, recibir capacitación y que se les reconozca su dignidad y sus conocimientos en todo su potencial”.

Ruelland enfatizó el papel de estos actores comunitarios que realizan tareas relacionales y a menudo informales.

“A menudo, porque no son profesionales de la salud y de los servicios sociales, pueden llegar a las personas que realmente lo necesitan”, señala Ruelland. Además, el investigador revela que los trabajadores ciudadanos y los trabajadores de extensión que van de puerta en puerta suelen ser multilingües.

“Hablan varios idiomas debido a sus experiencias de vida y a sus orígenes migratorios, y este conocimiento, extremadamente valioso para llegar a personas muy alejadas de los servicios de salud pública, a menudo se considera un activo adicional y no se reconoce ni valora”, explica.

Ruelland señaló que investigadores de diferentes países coinciden en que existe un verdadero desafío para mantener relaciones informales en la práctica comunitaria, donde muchas personas desconfían del sistema de salud pública, y al mismo tiempo permiten que los trabajadores obtengan reconocimiento profesional.

“Esto es algo que trasciende fronteras y nos ha permitido trabajar juntos durante varios años para abordar estos desafíos y reconocer mejor estas prácticas”, concluyó Ruelland.

Creación de historietas

La organización de este foro también brindó la oportunidad de trabajar en la producción de dos historietas creadas en colaboración con ciudadanos trabajadores que pudieron compartir sus experiencias, conocimientos y diversas historias de vida.

El primero, “¿Cómo te va? Sensibilizando puerta a puerta”, fue elaborado por la ilustradora Carolina Espinosa y relata las acciones de una brigada de sensibilización ciudadana en Laval. El segundo, titulado “Les Super voisines” (Los súper vecinos), fue creado por Aglaë Brown, estudiante de licenciatura en artes visuales y mediáticas de la UQAM, y se basa en varios estudios de caso realizados por el equipo de investigación de Ruelland.

Según Ruelland, la creación de estas dos obras tiene dos objetivos distintos.

El primero es llegar a los trabajadores interesados ​​para que se sientan comprendidos y reconocidos a través de la lectura.

“El objetivo es que se convierta en una herramienta para promover y resaltar la importancia de unas condiciones de trabajo y empleo decentes y, sobre todo, reconocer la importancia de su práctica diaria para futuras crisis”, afirma Ruelland. “Pero también afirmar el derecho a la salud para todos en barrios donde la gente ni siquiera es consciente de los recursos que existen”.

El segundo objetivo que persigue el equipo de Ruelland es poner en valor las experiencias de quienes trabajan en este campo. Mostrar las dificultades que enfrentan en términos de condiciones de trabajo y empleo, pero también la microdiscriminación y estigmatización que pueden experimentar.

Ruelland añade que la historieta también pretende resaltar “la magia y la riqueza de esta obra, que se basa en un conocimiento y una experiencia que yo describiría como muy únicos y humanos”.


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